Más allá de la campaña que le quede por hacer a Keiko Fujimori de aquí al 6 de junio -teniendo en cuenta que el discurso anticomunista ya se agotó-, está la estrategia que sus aliados oficiales y oficiosos hagan por hacer implosionar a sus rivales que son dos: Pedro Castillo y Vladimir Cerrón. Como dije apenas terminada la primera vuelta en una de mis video columnas diarias, Vladimir Cerrón es la piedra en el zapato de bucólico profesor que ya empieza a perder los papeles. Así pues, sugerí que los focos sean puestos en el dueño del partido, autor del ideario marxista-leninista y plan de gobierno. Vladimir Cerrón no es cualquier persona. Aparte de ser un corrupto sentenciado e inhabilitado para ejercer cualquier cargo público (por eso el profesor es el candidato presidencial de Perú Libre), también es médico neurocirujano. Alvin Toffler fue el que escribió un capítulo muy ilustrativo en uno de sus libros que se titulaba “Dioses con bata blanca”. Lo saco aquí para graficar cómo se perciben a sí mismos los médicos en el mundo cuando deciden sobre la vida y la muerte de las personas. Aun así, en el oficio hay jerarquías.

Los internistas (doctor House) y los neurocirujanos están conscientes de que son los reyes de los “dioses con bata blanca”. Miran de arriba para abajo a cualquier profesión y están en la cima del mundo (sé de lo que hablo, pues conozco de cerca la materia). Vladimir Cerrón, siendo neurocirujano, es decir, en el top de la jerarquía médica, debe mirar a Pedro Castillo, aquel profesor de colegio primario que lo reemplaza como candidato a la presidencia y que le roba las cámaras que él cree merecer, como a un enfermero, sino como camillero, con el perdón a aquellos que dignifican esa labor.

No es por nada que las disputas por el protagonismo ya hayan empezado entre el neurocirujano y el profesor ciruela. Mientras que Cerrón ya va armando su gobierno y definiendo la estrategia para una constituyente fuera de los parámetros constitucionales, Castillo parece más solo que una ostra, relegado a líder de plazuela de campaña. Castillo grita desencajado que Fujimori no le va a dictar la agenda, pero quien se la dicta todos los días es Cerrón a través de tweets, entrevistas y comunicados pomposos del partido comunista Perú Libre que terminan con “regístrese, comuníquese y archívese”, una grotesca parodia de los que ya creen dictar las órdenes. Lo otro es explotar la vieja rencilla entre moscovitas (Cerrón-Cuba-Venezuela) vs. maoístas (Movadef/Conare-Sutep), y de estos últimos vs. los aggiornados maoístas de Patria Roja del Sutep oficial, hoy potenciales aliados contra Castillo. En síntesis, lo que hay que hacer es utilizar sus mismas tácticas y estrategias leninistas con ellos: agudizar SUS contradicciones. Después de todo, la izquierda es experta en implosionar proyectos políticos en el Perú.