Cuatro meses han transcurrido desde que se instaló dolosamente en palacio el señor Pedro Castillo, aupado por un controvertido jefe de ONPE e investido por un sujeto al que no le interesó que el ente que preside, el JNE, sesionase incompleto, para definir si, en efecto, existió fraude electoral. Recordemos que media docena de partidos que participaron en esa irregular contienda aportaron al Jurado incontables pruebas sobre tales irregularidades.

José Luis Salas Arenas se llama este individuo, que se opuso a algo tan fundamental como solicitarle el padrón electoral a la ONPE, conociendo que esta documentación permitiría que Perú mantenga su tradicional talante democrático evitando que se incorpore a la órbita del comunismo sudaca, como viene ocurriendo.

De modo que el apellido Salas Arenas, comunista por convicción, quedará registrado en la lista negra de los peruanos que traicionaron a su país por intereses ideológicos. Como ocurriría con los congresistas de Acción Popular, Alianza para el Progreso y/o Podemos Perú, en caso no voten para que Castillo asista a declarar al Congreso por el cúmulo de irregularidades que lo incapacitan moralmente para seguir presidiendo el país.

¡Y de hacerlo insatisfactoriamente el mandatario, aprobar su inmediata vacancia! La patria se antepone a todo interés personal, además de mezquino (cuando no turbio y/o delictivo) como suelen ser las razones que dan aquellos ciudadanos que respaldan a regímenes comunistas –bañados en corrupción-, como el que preside Pedro Castillo. Ejemplo, eso de la “gobernabilidad”.

Pero hombre, ¿de qué gobernabilidad nos hablan, si el Perú es una nación inmanejable, hundida en una monumental crisis económica, financiera, social, política, empresarial, sanitaria, etc., que nos lleva camino al desastre a pasos agigantados, exclusivamente por culpa del régimen comunista presidido por el tal Pedro Castillo? O la otra excusa impresentable de no recurrir a la vacancia porque “paralizará” al país perjudicando a los más desfavorecidos.

Argumento de tontos, pues ¿qué más paralización que la clausura de minas, actividad productiva fundamental y la mayor fuente de ingresos tributarios y de divisas; o amenazar a la agroindustria con el cuentazo de la segunda reforma agraria, que no es otra cosa que la advertencia de un nuevo proceso confiscatorio de la propiedad; o azuzar a las masas polarizando al país entre ricos y pobres con el subsecuente aumento exponencial de cientos de conflictos sociales.

Mientras tanto, Castillo y su banda comunista siguen consolidando a sendero luminoso en la Educación, intoxicando a las futuras generaciones de niños y jóvenes peruanos. Esta parálisis, y mucho más, es la que ha generado –y sigue haciéndolo- el régimen comunista de Castillo en todos los estratos de nuestra nación.

No hay excusas, señores congresistas. Ustedes –quienes dudan de que Perú sea muy pronto otra Venezuela porque están deshojando margaritas esperando algún beneficio personal- integrarán la ominosa lista de traidores que pasen a la historia por favorecer al comunismo, renunciando a sólidos valores occidentales sembrados por seculares y notables peruanos. Señores: hoy no queda otra alternativa que la vacancia. A grandes males grandes remedios.

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