Para Clara Inés Vásquez Escobar

Pasó el 28 con ese repetido regreso de esperas, nuevas presencias, otras ausencias, frustraciones, negaciones, culpas, disculpas, propias y ajenas, promesas cumplidas, incumplidas, ese grueso afán de falsos sabios comprometidos, urgidos por el ritmo de sumar multiplicar para restar, como si el asunto fuera de cansadas matemáticas simples no de las permanentes, absurdas, toleradas, monitoreadas y muy responsables irresponsabilidades, siempre escamoteadas con el diestro manejo de las astucias logradas y calibradas sin más genialidades que las, todavía, aún incontables, siempre probables, largas, amargas patrañas gestadas, heredadas, firmadas y confirmadas con esa tan antigua factura que propone y pone límites sobre el arrugado mapa marcado con éxitos sin esfuerzos ni disfuerzos de atosigados fracasos de constantes, sonantes, desórdenes con calibradas órdenes desbordadas por conocidos colores segregados y olores de sabores agregados.

Desde el margen, con paso que a toda hora pongo y dispongo cuando la vereda es escenario abierto sin platea ni cazuela, con palco de premio, sin órdenes ni desórdenes, ajeno a sumas y restas de acusaciones por las carencias aceptadas como herencia por la ausencia de factura responsable por esfuerzos y disfuerzos, fuera del margen, en el mapa que se satura sin premura con colores, olores y la ausencia de temores con temblores por excesos faltos de sesos.

En otro renglón, con vacíos de orden y lleno de provocado silencio, la tarde baja más tarde para multiplicar, sobre los límites sin límite, el eco del rebote mustio de esos olores húmedos, ácidos, de la antigua factura siempre responsable, sin culpa, de irresponsabilidades con esperas incumplidas, sin esfuerzo, en el mapa de rancios colores y frescos dolores de las tantas muertes tantas veces advertidas tantas veces repetidas.

POR: ROBERTO CORES.