Alejandro Tudela Chopitea

Alejandro Tudela Chopitea

EL TONEL DE DIÓGENES

Acerca de Alejandro Tudela Chopitea:

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La salaverrina

Así se llamó por un tiempo la marcha militar “El Ataque de Uchumayo” en homenaje a Felipe Santiago Salaverry, caudillo  y fugaz Jefe Supremo del Perú en una de sus épocas republicanas más  anárquicas. Un buen columnista de otro diario utilizó el titular para referirse  al actual presidente del Congreso del mismo apellido mencionando que, como aquel, traicionó a su mentor (en este caso, sería la mayoría fujimorista) para convertirse en peón del hoy Presidente de la República.

El propósito de estos renglones no es ahondar en el paralelismo histórico o la supuesta felonía de los personajes, sino tratar sobre si la Resolución de la Presidencia del Poder Legislativo autorizando el registro de nuevas bancadas resulta ajustado a lo decidido por las sentencias del TC y que son de obligatorio cumplimiento.

El TC, hace más de un año, resolvió que la modificación del Reglamento del Congreso dejando en condición de parias a los padres –y madres– de la patria que renunciaban  a su grupo parlamentario era inconstitucional en la medida en que no distinguía si dicha dimisión obedecía a una disidencia por razones ideológicas o de conciencia debidamente justificadas y, por ende, válida, o a un prurito tránsfuga inaceptable y que, en tanto no se regulase esto debidamente, el Parlamento no podía privar de sus derechos al congresista. Como la mayoría fujimorista y adláteres  interpretó esta sentencia a su antojo, el TC expidió una segunda resolución consagrando el derecho de los disidentes –ojo, no de los tránsfugas reprochables–, de acuerdo al Reglamento, a conformar nuevas bancadas, adherirse a una existente o integrar la llamada bancada mixta como en España y que ello así debía regularse reglamentariamente. La prepotente mayoría naranja envió al asunto a la Comisión de Constitución para opinión consultiva donde duerme el sueño de los justos. Ante estas calendas griegas  y la justificada insistencia de los representantes de la nación sometidos a una inaceptable “capitis diminutio”, el presidente del Congreso no ha hecho otra cosa más que cumplir con lo decidido por el TC cuyas sentencias obligan de capitán a paje en un Estado Constitucional y Democrático de Derecho como es el nuestro.

No tenemos duda de que el titular del Parlamento juega su propio partido en medio de la descomposición de la mayoría fujimorista que lo sentó en la presidencia y veremos en qué termina. Pero, en este caso concreto, ha actuado conforme a ley. ¡AMÉN!





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