Alejandro Tudela Chopitea

Alejandro Tudela Chopitea

EL TONEL DE DIÓGENES

Acerca de Alejandro Tudela Chopitea:

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Nada que celebrar

Los últimos días han sido poco felices –por decir algo–.

Empecemos por la tragedia en el terminal terrestre de “Fiori” –17 muertos y varios heridos– en la que el Ministerio de Transportes y la autoridad municipal se vienen tirando la pelota; el primero porque sólo dio la habilitación técnica del paradero mas no la autorización para operar en él, y la segunda porque denegó la licencia de funcionamiento al terminal que igual operó porque la municipalidad no tuvo los medios para impedirlo. En medio de la terrible desgracia, queda al descubierto que en este país donde sobran las leyes –buenas o malas– no existe siquiera legislación que ordene o regule adecuadamente estos terminales.

Continuamos con la investidura del flamante Consejo de Ministros que, por un pelo, no terminó sin vestidura: creemos que hasta el más pesimista pensó que el premier y su Gabinete pasarían la prueba con buena nota aunque no se librase de las magulladuras de costumbre. Ocurrió lo contrario. A pesar de recibir la confianza del Congreso la votación fue la más pobre obtenida por cualquier Gabinete desde la recuperación de la Democracia en el 2000 y, felizmente, que para este acto no se requería mayoría absoluta o calificada ya que habría sido un rotundo fiasco. Tanto la oposición cuanto el variopinto oficialismo parlamentario han dado las explicaciones y razones de sus votos y, la verdad, aun considerando que pesó para no denegar la confianza el hecho de que ello hubiese provocado una crisis constitucional de poderes, la exposición y sustentación del presidente del Consejo dejó mucho que desear, ya sea por sus políticas y medidas de gestión como por sus silencios (la omisión del conflicto de Las Bambas fue el colmo).

Y terminamos justamente con Las Bambas. La alicaída confianza otorgada al Gabinete exige que se restablezca cuanto antes y democráticamente el principio de autoridad y el imperio del Estado de Derecho. El perjuicio económico que irroga el conflicto –y la conflictividad minera y socio ambiental en general– es evidente, pero tan o más importante resulta indispensable superar la percepción ciudadana de que estamos frente a un Gobierno débil o incapaz de solucionar los graves problemas que afectan al país. Esta es la prueba de fuego para el primer ministro y el propio Presidente de la República. ¡Amén!





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