Alejandro Tudela Chopitea

Alejandro Tudela Chopitea

EL TONEL DE DIÓGENES

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Nuevo Gabinete

Al publicarse estos renglones es más que probable que ya tendremos nuevo Consejo de Ministros encabezado por Salvador del Solar y de cuya composición final apenas sabemos. Empero, la renuncia del premier Villanueva a menos de un año de gestión deja algunas lecciones que ojalá el Presidente de la República aproveche.

No hay duda que la traumática sucesión presidencial de la que hay todavía mucha tela para cortar –la dejamos allí–, llevó a un desconfiado primer mandatario a apoyarse en Villanueva, exitoso y conocido gobernador regional al igual que él, y a conformar a propuesta de éste el Gabinete. Esa misma desconfianza determinó que dicho equipo ministerial, en buen número, estuviese integrado por viceministros promovidos a titulares de ministerio con experiencia técnica y administrativa y compresible escaso perfil y talante político.

La coyuntura vivida durante el año que se fue significó que el Consejo de Ministros –empezando por el primer ministro– no fuese el indispensable pararrayos o fusible que proteja la figura presidencial que logró sortear las tormentas gracias a la popularidad alcanzada por su liderazgo en la lucha anticorrupción y la reforma política. Pero el costo producido por este Gabinete de salida que, a duras penas, tuvo el 30 % de aceptación de la ciudadanía –frente al doble del Jefe de Estado– ya se siente y viene golpeando crecientemente a Palacio de Gobierno por lo que confiamos que el primer mandatario haya acertado en esta renovación del Ejecutivo –por lo menos, Del Solar es una carta prometedora–.

El Perú, adherido a un régimen presidencialista híbrido que personaliza todo en la cabeza –el último viaje al exterior del gobernante es el mejor ejemplo–, obliga y exige que los nuevos ministros no solo sean los titulares de su sector sino la eficaz primera defensa política de la gestión del Presidente y si no servirán de poco para la siempre complicada gobernabilidad. Por supuesto, la otra pata coja del periodo Villanueva ha sido el pobre papel cumplido por el aparato de comunicación gubernamental desde la vocería del premier, pasando por los ministros –con sus excepciones– y terminando con los demás órganos burocráticos, lo que debe corregirse prontamente. Gobierno que no sabe comunicar sus obras está condenado a ser zarandeado y a sufrir toda suerte de críticas o algo peor. ¡Amén!





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