Alejandro Tudela Chopitea

Alejandro Tudela Chopitea

EL TONEL DE DIÓGENES

Acerca de Alejandro Tudela Chopitea:

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Taiwán existe

Nadie discute que la República Popular China (RPCH) es hoy una superpotencia y, si no es la primera en el mundo detrás de EE.UU., se acerca cada vez más a disputarle el sitial. Tampoco se cuestiona que después de Deng Xiaoping, el reformista de los ratones de todo color, XI Jinping, el actual Timonel, es el que más lejos ha llevado al gigante asiático desarrollando la llamada Economía Socialista de Mercado –vaya híbrido–, bajo el férreo control del partido comunista –el único aceptado– y donde la vigencia de los derechos humanos –sean políticos, civiles, económicos, sociales y culturales– queda sometida a la voluntad omnímoda del Líder y del partido.

Lo que no es aceptable es la descarada ofensiva diplomática –mezcla financiera y de cooperación económica y técnica– que la RPCH viene desplegando para tratar de “ahogar” a la República de Taiwán, la motejada “Isla Rebelde”. Es más, para los que ha pasado desapercibido, Jinping hace poco declaró que “no prometemos renunciar al uso de la fuerza (…)”. En poco menos de tres años, la presión de RPCH ha conseguido que antiguos aliados latinoamericanos como República Dominicana, El Salvador y Panamá rompan su relación con Taipéi y se muden a Beijing. En nuestro hemisferio a Taiwán  sólo le quedan embajadas  en Belice, Guatemala, Honduras y Paraguay y algunas más en islas del Caribe, Oceanía y un pequeño Estado africano. Paradójicamente, el mayor defensor de su soberanía frente al renovado dragón comunista es EE.UU. pero que no mantiene vínculos diplomáticos con Taiwán desde finales de 1978. Es lo que se llama Realpolitik.

Desde 1949 China Continental es la RPCH y su principal isla en el estrecho es Taiwán, y si bien ésta nunca declaró la independencia, tampoco las negociaciones bajo la fórmula de “un país dos sistemas” o algo parecido sujeto a la dominación de Beijing prosperarán pacíficamente. La RPCH es un coloso pero Taiwán en su pequeña ínsula democrática es una de las veinte economías  más poderosas y pujantes  del planeta y eso que Beijing hace todo lo posible por asfixiarla en la comunidad internacional.

El ideal –por más utópico– es que las dos partes de la milenaria China pudiesen ser una libre y voluntariamente. Mientras tanto, Taiwán existe vigorosamente y no merece dársele así la espalda. ¡AMÉN!

 





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