Si algo caracterizó a la semana pasada, luego de los comicios, fue el tinglado “coincidente” de diversos actores para legitimar un resultado electoral de un proceso que aún no ha finalizado. Por un lado, la llamada del presidente interino Francisco Sagasti al señor Mario Vargas Llosa, las contramarchas del Jurado Nacional de Elecciones en la ampliación del plazo para la presentación de solicitudes de nulidad de la votación de las mesas de sufragio y la felicitación que le hizo el presidente argentino Alberto Fernández al señor Castillo por su “victoria” en los comicios.
Orquestadas o no, la sensación que dejan esas acciones ante la comunidad nacional e internacional es que, al parecer, existiera no sólo una coordinación política interna sino que también trasciende las fronteras peruanas abriendo paso a una presión internacional para hacer que en nuestro país no se culmine con el proceso electoral oficialmente, sobre todo cuando hay miles de impugnaciones presentadas por la candidata Keiko Fujimori y la demostraciones populares expresadas en las calles, hechas públicas por los medios de comunicación y en las redes sociales, sobre un fraude electoral propiciado desde las ánforas por el partido Perú Libre.
Asimismo, hay que destacar que la inestabilidad política producto de la crisis electoral está generando incertidumbre en los agentes económicos nacionales y extranjeros, y gestando una probable crisis de gobernabilidad que podría terminar por ahondar la crisis política y repensar, si el ganador o ganadora de las elecciones podría transmitir la confianza suficiente en la población para que puedan ejercer el poder por los cinco años conforme lo estipula nuestra carta constitucional.
Ese clima de efervescencia social activará la estabilidad de la economía nacional propiciando desequilibrios en los diversos mercados, haciendo que los precios de los diversos bienes, servicios y capitales se alteren generando un clima adverso para el país en todos los sentidos.
Ante ello, será el actual gobierno que tendrá que intervenir, para generar un clima propicio para el cambio de mando el 28 de julio próximo, de no ser así, nuestro ingreso al bicentenario será tal cual hace doscientos años donde no todo fue paz y armonía sino todo lo contrario.
¿Será suficiente el tiempo entre el resultado oficial y la fecha de posesión de mando para tener paz en el Perú? ¿Será posible que los actores políticos nacionales, pongan tranquilidad para una transición estable? Quizás ello no suceda, estemos alertas.

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