Si hay algo incuestionable en la incapacidad moral permanente de Pedro Castillo es precisamente que tiene carácter “permanente”: el clamoroso, lamentable y categórico incidente de la visitadora López es solo el corolario de una serie concatenada de actos corruptos que ponen en evidencia la necesidad de vacarlo de inmediato.

El propio origen de la elección de Castillo como Presidente de la República muestra su permanente inmoralidad o, según crecientes pruebas, amoralidad: Castillo sabía desde el inicio que su mentor político y financiador electoral, Vladimir Cerrón, tenía una sentencia judicial por corrupción y no puede haber ignorado el origen de los fondos que financiaron tanto su campaña electoral como la de su socia Dina Boluarte.

Mintió al país cuando, remedando a Fidel Castro, declaró en un foro internacional que no es comunista: el plan de gobierno de Perú Libre, presentado al JNE, establece que es un partido “marxista, leninista, mariateguista” y la convocatoria de visibles figuras comunistas y, el colmo, de senderistas en sus dos gabinetes ministeriales tiene hoy como colofón el nombramiento, por parte del gobierno de Cuba, de un “comisario”: el nuevo Embajador de La Habana, Carlos Rafael Zamora, es un prominente miembro del G 2 , el servicio de inteligencia cubano, que ha actuado desde hace largas décadas como agente desestabilizador de diversos gobiernos democráticos o en la defensa de regímenes de extrema izquierda en América Latina.

Mintió al país cuando ofreció una “Nueva Constitución” como la solución para nuestros graves problemas sociales y económicos: al asumir la Presidencia declaró, sin vergüenza alguna, que la “Nueva Constitución” no existe, que no hay ni siquiera un proyecto y que deberá ser redactada por la Asamblea Constituyente que hoy promueve con dinero de todos los peruanos y que pretende que esté integrada, en un 50 %, sin elección popular, por delegados de “organizaciones sociales” obviamente manipuladas por los comunistas.

A Castillo debe vacársele también por su evidente incapacidad para ejercer el cargo: otra inmoralidad en la medida en que es responsable del futuro de toda una nación y, en ese contexto, debe irse con la organización criminal que lo acompaña.
Ya.