Si hay algo que hay que reconocerle a este gobierno es que desde algunos ministerios se está fumigando a los caviares. Uno de estos es el MINCUL, cuyo ministro Ciro Gálvez ha desembarcado a toda una argolla de “mandarines de la cultura” que ya estaban alistándose para pasarla bomba en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México. Los mismos de siempre, apañados por sus operadores culturales y políticos enquistados en el MINCUL vía la PUCP, se han autoerigido en representantes y embajadores culturales del Perú, decidiendo quién es o no intelectual, escritor, poeta, pintor, cineasta, actor, editor o cualquier otra especialidad del mundo de la cultura. Son los mismos que se rifaban entre ellos los premios y los presupuestos para “proyectos” que no tenían otro requisito que seguir la ruta de la corrección política, el género, el feminismo, el lenguaje inclusivo y otras “perlas” que han denigrado a la cultura clásica, convirtiendo el sustantivo en basura. Paradójicamente, los expectorados son los mismos que habían apoyado con su voto a Pedro Castillo y al partido del Lápiz, alegando que había que escuchar las voces del Ande. Pues bien, es lo que está haciendo Ciro Gálvez. A mí me importa un rábano que las voces de las culturas del Ande sean o no un bodrio, pues me las imagino. Y no es prejuicio capitalino, sino que, viendo la clase de educadores en provincias cuyo epítome es el presidente de la República que no puede hilar un mínimo discurso en el extranjero, ya me puedo imaginar la calidad cultural que hoy puede haber en provincias. Pero dicho esto, las prefiero mil veces a aquellos que se sentían propietarios de la palabra “cultura” y fijos para todas las gollerías que les prodigaba esa madriguera caviar en que se había convertido el MINCUL. Por supuesto que estos han lanzado el chillido hasta el cielo y la argolla caviar ha empezado con lo que sabe hacer: “renuncias”, trending topics en las redes sociales, manifiestos, comunicados, cartas, etc. Nada que asuste a Cerrón, Castillo, mientras que a Ciro Gálvez le van de maravilla sus atuendos culturales exóticos y el quechua donde no tienen cabida los caviares, cuyos disfraces y poses “progres” ya pasaron de moda. Ellos son ahora “los de antes”.

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