La compra de las vacunas chinas empezó a apestar a corrupción cuando el periodista Beto Ortiz sacó a luz la inmunización clandestina de diversos personajes con capacidad de gestionar los contratos; incidir en las pruebas clínicas e influir a cierto nivel del empresariado y de los políticos. Entre los vacunados figuran el pillo y ex okupa de Palacio, Martín Vizcarra; una conocida lobista adú de éste en el caso Chinchero; la ministra de Salud Pilar Mazzetti; el infectólogo Eduardo Gotuzzo; la sagastiana ministra de Relaciones Exteriores Elizabeth Astete

El doctor Gotuzzo –estando ya vacunado– sostuvo en una entrevista que la vacuna Sinopharm es “bastante segura”, refiriéndose a los ensayos clínicos con doce mil voluntarios realizadas por la Universidad Cayetano Heredia; y que esperaba que el Gobierno consiguiera un lote más grande para inmunizar a los adultos mayores y personas de riesgo. ¿Por qué tanto interés en Sinopharm y tan escasa con Pfizer, Sputnik, Moderna, AztraZeneca o Sinovac (la utilizada en China)? Gotuzzo apenas mencionó a AstraZeneca y Pfizer diciendo que se debía contar con más vacunas, pero no era necesario, en ese momento, vacunar a todo el país. ¿Total?

Las ex ministras Mazzetti, Astete y antes López parecen haber jugado un papel para retrasar las conversaciones, negociaciones y demás gestiones con el resto de laboratorios. La obsesión de Vizcarra y luego de Sagasti por la vacuna de Sinopharm es, por lo decir lo menos, sospechosa. Con acierto el ex presidente del Consejo de Ministros, Óscar Valdés dice que por ética el Ejecutivo debe publicar el contrato con Sinopharm para transparentar sus cláusulas, los precios de las dosis y los compromisos adquiridos al comprar 38 millones de dosis por “una cuestión de ética y moral”. Lamentablemente Vizcarra y su sucesor Sagasti parecen no conocer el significado de esas palabras.

La vacuna Sinopharm no es ni por asomo de las mejores, y sí de las más costosas. El experto chino en vacunación Tao Lina escribió en la plataforma web Weibo, que Sinopharm tiene 73 efectos secundarios. Su informe fue publicado en el Daily Mail, de Londres y se citan: presión alta, dolores de cabeza, pérdida de visión, pérdida del olfato y el gusto e incontinencia urinaria. Ni bien su comunicación se viralizó, el doctor pidió disculpas por su “imprudencia”. No es raro pues ya sabemos qué pasa con los científicos que no siguen la narrativa del Partido Comunista Chino, son encarcelados o desaparecen. Ese país es una dictadura sin el menor respeto por los derechos humanos y tremendamente corrupto, tan corrupto como todo este vil episodio de las vacunas que el doctor Germán Málaga, con la corrección que lo caracterizaba, debe explicar.

Y sí, sí hay otra lista del #VacunaGate, con muchos más nombres que aún no han salido a la luz, pero no podrán taparlos más. La verdad estallará.