El Gabinete liderado por el premier Guido Bellido, investigado por apología al terrorismo, terrorismo y lavado de activos, obtuvo finalmente la confianza del Parlamento. Fueron 74 congresistas (incluidos los falsos centristas de Alianza Para el Progreso, que son más bien mercantilistas, y de Acción Popular, que, bajo la batuta de Yonhy Lescano, son en realidad tremendos zurdos) los que le dieron su respaldo al equipo de ministros filoterroristas. Según sostuvieron estos traidores a la Patria, su voto fue por la “gobernabilidad”: ¡no les importó los miles de muertos por el terror! Se comieron la puesta en escena de Bellido -hincha confeso de la senderista Edith Lagos y denunciado por insultar cobardemente a Patricia Chirinos-, quien habló en quechua (la verdadera inclusión es que TODOS los peruanos aprendan bien el castellano), chacchó coca en el Hemiciclo y hasta derramó algunas lágrimas de cocodrilo. Lo peor de todo es que el también congresista por Perú Libre consiguió el voto de confianza, a pesar de que, en su última intervención en el Pleno, dijo que la requería para modificar la actual Constitución porque no ha beneficiado a la mayoría de peruanos. Esto es totalmente falso, pues la Carta Magna de 1993 permitió reducir la pobreza del 50% al 20% (se incrementó al 30% por el pésimo manejo del lagarto frente a la peste), pero pedirle certezas a este Gobierno es realmente inútil. El Congreso desoyó todas las serias críticas hacia el Gabinete y decidió ir por el deshonor al guardarse una “bala de plata”; en tanto que el hombre lobo de roja cabellera sacaría los colmillos ni bien abandonó el Palacio Legislativo.
Así, en su primera entrevista tras recibir el voto de confianza, Guido Bellido anunció que defendería a sus ministros de eventuales interpelaciones o censuras interponiendo las cuestiones de confianza que fuesen necesarias. Los comunistas de PL saben bien la fórmula: dos cuestiones de confianza rechazadas y chau Parlamento. Su objetivo sigue siendo clausurar el Congreso para cambiar la Constitución, a través de una asamblea constituyente, y enquistarse en el poder. También podrían presentar una cuestión de confianza para obligar a que el Congreso debata y vote un proyecto de reforma constitucional para cambiar el artículo 206 de la Constitución -como adelantó que plantearía el presidente Pedro Castillo-, de modo que se incluya que esta pueda ser modificada por dicha asamblea. Si no se llegasen a los 87 votos requeridos para la aprobación de esta iniciativa en 2 legislaturas, podría ser sometida a un referéndum. El Parlamento tiene todas las de perder, por lo que es urgente que se limite el uso de la cuestión de confianza: ya existe, afortunadamente, un predictamen en la Comisión de Constitución que debe ver la luz verde ante tamaña amenaza.
Es evidente, pues, que el Parlamento no será ninguna muralla que los comunistas tendrán que sortear para lograr instalar la dictadura que anhelan. Todo lo contrario, al priorizar su sueldo y gollerías, varios legisladores se volverán cómplices del régimen. La única forma de sacar a patadas a cada uno de estos incompetentes es con la calle. ¿Acaso no fue el “pueblo” el que obligó al Gobierno a que expectore al castrista Héctor Béjar o al senderoide Íber Maraví? Cuando el hambre apremie, será el fin de la administración de Castillo y el jefe de este, Vladimir Cerrón. Y, como van las cosas, será más temprano que tarde.

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