Ángel H. Romero Díaz

Acerca de Ángel H. Romero Díaz:

Presidente de la Asociación Nacional de Magistrados del Perú 1991-1992. Presidente de la Corte Superior de Lima 2007-2008. Actualmente Presidente de la Primera Sala Contenciosa Administrativa de la Corte Superior. Juez Superior 1989 hasta la actualidad.



Respeto frente a la muerte

No es nuestro deseo juzgar las razones por las cuales las personas se quitan la vida, tampoco su fuero interno como ser humano. Ya mucho se ha redundado al respecto. Solo diremos esa verdad de Perogrullo que la muerte es el estadio final al que nos rehusamos llegar algún día y menos, por cierto, adelantando los ciclos naturales de la vida.

La ciencia, la religión y el sentido común se ocuparon del tema según la naturaleza de cada disciplina o fe. Aquello que en la antigüedad se consideraba solo como el acto que tenía lugar cuando el corazón dejaba de latir, la ciencia la arropó de nuevos elementos ampliando el concepto, tanto que en la actualidad un respirador artificial puede prolongar la vida de un organismo que ya dejó de respirar por sus propios medios.

Sea como fuere, la muerte provocada libremente por quien así lo desea adquiere una connotación distinta que puede merecer toda suerte de posiciones, máxime si ella se presenta como un acto de valor y de libertad. Decían los existencialistas que llegar, por propia voluntad, a la muerte era el ejercicio de la libertad como bien supremo del ser humano. Los cristianos dirán que se trata de la separación del cuerpo y del alma y del camino de éste hacia Dios, mientras que los musulmanes, por ejemplo, consideran que la muerte no se acaba, sino hasta que las almas son juzgadas por sus obras realizadas.

Tenemos muchos casos en el mundo de personajes que, en algún momento de sus vidas, optaron por el suicidio, por diversas razones. Ahí está el gran Ernest Hemingway, tremendo escritor estadounidense, Premio Nobel de la Literatura y ganador del premio Pulitzer se quitó la vida a los 62 años. Marilyn Monroe, admirada en el mundo por su belleza y talento en el canto y la actuación, se suicidó a los 36 años. La conocida poeta americana, Sylvia Plath, recordada por sus versos marcadamente románticos, terminó por suicidarse. Lo propio hizo el famoso pintor Vincent Van Gogh, quien se disparó en el estómago. Tenía 37 años. Yukio Mishima, escritor japonés, se quitó la vida luego de la negativa del Jefe de Estado Mayor del Ejército Japonés por rearmar su país. Salvador Allende y José Balmaceda expresidentes chilenos. Getulio Vargas de Brasil y el boliviano Bush.

Aquí, entre nosotros, el recuerdo más vívido y permanente es el suicidio del escritor y máximo representante del indigenismo peruano, José María Arguedas. Las causas de su fatal determinación han quedado, como quedaron casi todas las otras muertes, en la incierta espesura de la lucubración.
Solo ellos se llevaron la verdad a sus tumbas. Decidieron quitarse la vida y ensayando previamente alguna explicación: Arguedas dijo que su ciclo como escritor se había cumplido, y los políticos de seguro no aceptaron la existencia de algún fracaso político.
Sea como fuere, toda muerte nos merece el mismo respeto, por ello esperamos que nuestra sociedad deje de lado la diatriba en redes, y sostenga la única vía útil para sentirse libre: La propia vida.

Por Ángel Romero Díaz (*)

(*) Juez Supremo

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook y Twitter.



ico-columnistas-1-2018

Más artículos relacionados





Top
Autorizaron pago a socia de Vizcarra

Autorizaron pago a socia de Vizcarra