Queridos hermanos, estamos ante el Domingo XIX del Tiempo Ordinario. La Primera Lectura que es del Primer libro de los Reyes dice: “Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: —«Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va a pasar!»” Hace presente la Alianza. También está pasando Dios en nuestras vidas por medio de esta pandemia donde cada vez mueren más hermanos nuestros. El Señor está pasando. Podemos preguntarnos ¿Dónde está Dios? Esta lectura nos dice que “vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hacía trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego”. ¿Dónde está Dios? Dios está en la historia. Dios habla en tu historia y en la mía.

Dios quiere salvarnos de todos nuestros conflictos, de nuestras angustias. Por eso respondemos con el salmo 84: “Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. La salvación está ya cerca de sus fieles, y la gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y la fidelidad se encuentran la justicia y la paz se besan. El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto”.

La Segunda Lectura es de la Carta del apóstol San Pablo a los Romanos y dice: “Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento”. Además, hoy cantamos en el Aleluya: “Espero en el Señor, espero en su palabra”.

El evangelio de este domingo es de San Mateo. Dice que “después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar”. ¿Qué hacía Jesús? Rezar de noche y predicar durante el día. “…Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario”. En el lago de Galilea cuando viene viento es muy fuerte. “…De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: —«¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»”. Un fantasma es todo lo que estamos viviendo frente a esta pandemia. Nos podemos cuestionar: ¿será que esto es de Dios? ¿Está Él en medio de todo esto o es un fantasma? No tengan miedo. Dios nos ama, ha dado la vida por nosotros. Continúa el evangelio: “Pedro le dijo a Jesús: —«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». Él le dijo: —«Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús”. Pedro actúa confiando en el mandato del Señor. “…pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: —«Señor, sálvame»”. Nosotros nos hundimos al ver la fuerza que tiene esta pandemia, las dificultades que genera la convivencia familiar, el ver que de pronto nos hemos quedado sin trabajo, etc. Nos hundimos cuando dejamos de ver a Jesús a los ojos. Les invito a gritar a Dios: “Señor, sálvame”. Ánimo hermanos, el Señor es el único que tiene la fuerza de vencer la tormenta que estamos viviendo. La bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo esté con todos ustedes.

Obispo emérito del Callao