Año y medio de Castillo, veinte años de retroceso

Año y medio de Castillo, veinte años de retroceso

Lo que imaginábamos con la venida de representantes de la OEA a quienes sumisamente nos sometimos en una nueva modalidad de vasallaje, se ha hecho realidad. Implícitamente declaran que existe una grave confrontación de poderes y recomiendan diálogo, con lo cual el gobierno del desgobierno queda más fortalecido que nunca porque la declaración esperada es que cada entidad pública y política está cumpliendo con sus tareas al igual que el sistema de justicia, de modo que la recomendación lógica era la de respetar la institucionalidad por parte de todos los sectores políticos y poderes del Estado.

Tan magullado ha quedado el Congreso con la ambigüedad que emana de los comisionados de la OEA que el tono en la expresión de sus directivos refleja a plenitud la dejadez en la tramitación de los procedimientos de fiscalización de los actos del Ejecutivo y de la calificación y debate de la denuncia constitucional interpuesta por la fiscal de la Nación, hecho agravado por el revés sufrido ante el Tribunal Constitucional que anuló el procedimiento congresal sobre la denuncia contra el Presidente por traición a la patria, de modo que ahora, con un adecuado manejo de la propaganda en la que se respalda el Ejecutivo, la credibilidad del Congreso se desmorona y el Gobierno contraataca con un lenguaje manipulador mediante el cual habla de la necesidad de diálogo, rechaza la comisión de hechos delictivos, se declara inocente de todas las fechorías conocidas y por conocer, desatando en paralelo un ataque frontal contra el Congreso tanto por el Presidente como por su incendiario primer ministro, incorporando voces de gente cuestionada en todo, que a la grita proponen el cierre del Legislativo, la convocatoria a la asamblea constituyente y, por si fuera poco, hacen un llamado a la insurgencia armada con derramamiento de sangre en una confrontación fratricida teniendo al lado del estrado al presidente de la República.

En consecuencia, las cosas no están para bromas ni para mirarlas de reojo, pues si con toda la suciedad moral e institucional que hemos vivido con este régimen durante ya un año y medio, éste se ha sostenido firmemente y continúa su desgobierno a prueba de balas, la arremetida que se puede desatar en contra de la democracia, la gobernabilidad y la institucionalidad puede tener efectos fatales para los que anhelamos vivir en libertad, sin olvidar que la economía no ofrece buenos augurios sino que la amenaza de una crisis sin precedentes se torna una probabilidad cierta.

En este contexto no entendemos la razón por la cual los aparatos de seguridad del Estado ni el sistema de justicia no hacen nada contra un sujeto al que no le dan importancia, quien se pasea por el Perú pasando revista a grupos armados instándolos a la toma de Lima y a la confrontación armada.

Esto no se confronta con marchas inofensivas.

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