Administración estable

Administración estable
  • Fecha Viernes 14 de Febrero del 2020
  • Fecha 2:00 am

Cada vez que leemos el diario oficial “El Peruano”, en la parte normativa, nos encontramos con infinidad de cambio de funcionarios públicos. Casi toda la parte normativa o es de autorización de viajes, probablemente muchos innecesarios, o de ceses de funcionarios en que se acepta sus “renuncias”, seguramente solicitadas y no espontáneas, y el nombramiento de sus reemplazantes.

Indiscutiblemente lo expuesto, que viene desde hace varios gobiernos, no facilita tener una administración pública estable, experimentada y conocedora de sus obligaciones. Es entendible que si hay cambio de ministro o ministros, los que recién ingresan vayan con algunos asesores de su confianza y no una creciente corte de ellos. También se entiende que los cargos de confianza, como pueden ser viceministros, también sean sustituidos, pero lo que no tiene pies ni cabeza es que se estén sustituyendo, a directores generales, directores y muchas veces hasta personal directriz de menor rango.

En el actual gobierno con ministros novatos y de mecha corta en cuanto a su duración, no todos por cierto, el tema se torna más grave, y ello por la gran rotación de personal, que por lo demás los altos directivos quieren llevar desde asistentes hasta secretarias, pero sin que necesariamente cesen los reemplazados, en que infinidad de veces son trasladados a otras dependencias, “inventándoseles” funciones, con lo cual los sufridos administrados tendremos que soportar nuevos pases de los expedientes, así como demoras en su resolución, otorgamiento de concesiones, autorizaciones y licencias. ¡Dios ampare a los administrados!

Una buena administración debe caracterizarse por su estabilidad, por el entendimiento de la tramitología, estar habituada al manejo de los expedientes, conocimiento de antecedentes y de las políticas públicas para que los administrados tengamos predictibilidad de lo que se resolverá.

Si permanentemente estaremos con cambios de funcionarios, las consecuencias son nefastas pues todo se paraliza hasta que se aprende o se va adquiriendo experiencia. Necesitamos administradores fogueados y experimentados, en que se respete la carrera pública, que tiene que ser como escalera de peldaños para irlos escalando.

Una magnífica idea fue la de crear SERVIR, aunque lamentablemente no está cumpliendo a cabalidad con sus objetivos de contar con administradores públicos profesionales y de calidad, a lo que debe agregarse la conveniencia de contar con una escuela de administración pública de polendas y, con ello, evitar el espontaneísmo y la improvisación.

Lo señalado no se agota en el Poder Ejecutivo. Gobiernos Regionales, Municipios y otros organismos autónomos y entidades reguladoras. También lo observamos en los Poderes Legislativo y Judicial, en que abundan consultores que no siempre conocen de lo que van a asesorar, de donde ya es fácil comprender las metidas de pata de sus superiores, y penosamente repetitivas.

Debe existir un plantel estable de funcionarios del sector público, con profesionalismo adquirido en experiencia laboral, así como en escuelas de administración, como por ejemplo la de la Contraloría General de la República, con acrisolada reputación.



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