Ántero Flores Aráoz

Ántero Flores Aráoz

POLÍTICA DE ESTADO

Acerca de Ántero Flores Aráoz:







Hermanito….

Los peruanos somos muy afectuosos, diría que exageradamente cariñosos, lo que nos inclina a usar con frecuencia diminutivos. No es hermano, es hermanito, no es compadre sino compadrito, no es amigo sino amiguito, y así podríamos seguir.

No se pide una cerveza, sino una “chelita”, y si se trata del pisco es un buen pisquito. Ni qué decir de las comidas, el cebiche pasó a ser cebichito, la causa la causita y el lomo saltado solo lomito. El olluco perdió su nombre para pasar a olluquito, y ojo, no nos referimos a un granuja con tal apelativo.

En los WhatsApp colectivos, si alguno de los que comparten información, cumple años, uno tras otro de los agrupados, lo saludará con el querido Huguito, queridísimo Toñito, apreciadísimo Cesitar, recordadísimo Waltercito, etc. etc. Y si alguien recibió algún premio, las felicitaciones afectuosas llegan por doquier. Somos así, pero es posible que cambiemos

Si pues, luego de los vladivideos, pasas por algún escaner antes de reunirte con alguna autoridad en su despacho. Educadamente te piden que dejes el celular antes de entrevistarte con algún funcionario público, y ello debido a grabaciones de imágenes y de conversaciones orales, aunque olvidan que hay mamanis y otros personajes notorios, aunque no notables, con malas costumbres de grabar a terceros con micros escondidos en relojes o en otros objetos.

En estos tiempos las cosas se han agravado, pues con tantos audios que se han dado a conocer, en las investigaciones de crimen organizado y narcotráfico en el Callao, los hay absolutamente inocuos, irrelevantes e intrascendentes, sin ninguna información de interés público y, lo peor, atentando contra la privacidad de los interlocutores.

Hemos escuchado pedido para prácticas preprofesionales para una estudiante de Derecho, invitaciones a un “almuercito” o a alguna “comidita”, entrega de boletos para ver un buen partido de fútbol. A todo esto se le quiere dar una connotación maligna, una interpretación ilícita, un accionar pecaminoso, cuando no, la preparación o perpetración de algún delito.

Como resultado de lo últimamente señalado, ha traído como consecuencia que los funcionarios públicos se mueran de miedo, entren en pánico y no respondan llamadas telefónicas, tengan temor de dar audiencias y ya casi parecería que hay colitis colectiva. No señor, no hay motivo para que toreen a los administrados con mil y una excusas para no recibirlos, simplemente por temor a las grabaciones.

Los funcionarios de la administración del Estado, en sus tres niveles, incluyendo a parlamentarios, jueces, fiscales, magistrados y consejeros, son seres humanos que, como cualquiera, cuenta con su “parentela”, tienen su círculo de amigos cercanos y otros no tanto, que hacen vida social, que son miembros de clubes, que van a restaurantes, que asisten a onomásticos, que concurren a matrimonios, recepciones y fiestas, pero hoy han desaparecido de todo ello.

Basta que te tomen una foto para que seas sospechoso de inconductas y tráfico de influencias.
El pavor en las relaciones personales es tal, que una querida tía, que desde chico me decía Anterito, hoy cambió súbitamente a Ántero.

Tomen nota, no todas las grabaciones, fotos y filmaciones tienen contenido penal o infracciones éticas. No se hagan novelas con ellas, mientras no se infrinja la ley, la vida cotidiana debe seguir su curso.







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