Columnista - Antonio Moretti

El mito del escritor en cuarentena

Antonio Moretti

28 mar. 2020 01:40 am
A+

Los escritores —dice el mito— somos una especie extraña. Amamos tanto el bullicio nocturno de los amigos entusiasmados por el licor y la seducción de los cuerpos poco limitados por la moral como la soledad y el silencio que engrandecen el placer de la lectura y la deliciosa tortura de escribir. En días de cuarentena, un escritor —siguiendo el mito— estará encerrado en su estudio. Concluirá la lectura de los libros que esperan su turno y que lo intrigan. Tomará notas para su nuevo proyecto literario, acaso una novela ambiciosa que, probablemente, sea del gusto de un puñado de inteligentes lectores que harán lo imposible por mantenerla vigente en el tiempo. Y es posible que todo, o parte, del mito, suceda en realidad. Sé de escritores que escriben cuentos a dos manos. Alguno, ha iniciado un ensayo que tenía dormido. Otros, difunden poesía a través de las redes o comentan técnicas de escritura. En mi caso, he podido releer la magnífica novela "La conciencia del límite último", de Calderón Fajardo. También a jóvenes poetas como María Font o al polémico Julio Barco. De mi escritura hablaremos otro día y en otro lugar.

Sin embargo, y esto no lo contempla el mito ni un poco, hay escritores cuya sensibilidad los ha empujado hacia terribles depresiones y ansiedad, que no pueden escribir ni leer. Los meses que vienen serán muy duros porque los eventos públicos se restringirán, varias ferias ya decidieron cancelar sus actividades, algunas librerías no podrán sobrevivir. Los trabajos de corrección de textos de investigación se reducirán, pues no son prioridad en un contexto de pandemia. Es cierto que el mito es seductor, como todos los mitos, pero lo que no contempla es que escribir es un trabajo, como actuar, como pintar, un trabajo exigente y competitivo, que se verá afectado como algunos otros, y que exige que, quienes dirigen al país, también lo observen, pues, qué duda cabe, la creación cultural es un activo fundamental para que —lo que tanto queremos— funcione la civilización.

Tal vez este aislamiento le permita al escritor observar películas, comprender el éxito de la trama o la efectividad en la construcción de los personajes. Con un poco de suerte —inspiración dicen algunos—, despertará a mitad de la noche, afiebrado, poseído por una frase, una imagen, el inicio o final de la historia, la ingeniosa solución al problema que su propia escritura ha generado, se sentará frente a la computadora y escribirá acompañado por el silencio del toque de queda, por la tranquilidad que obliga este confinamiento hasta que la luz del nuevo día ingrese por la ventana.

Post Relacionados

Trenes: el último libro antes de la pandemia

Celebro que el Estado permita la venta de libros por delivery a través de librerías que cumplan las rigurosas —obvio— normas de sanidad. Sin embargo, esta visión no alcanza a las más de 40 editoriales que trabajan en todas las regiones, cuyo trabajo es la difusión y registro de la cultura del país. Poquita cosa.

El hombre que hablaba del cielo

El encuentro de América, descubrimiento o conquista, como quieras verlo, fue un evento que trastocó el orden establecido en el mundo medieval. El encuentro de un continente, que no figuraba en la Biblia, con civilizaciones avanzadas en ingeniería, estructuras sociales y mitología, fue un duro golpe a las estrategias sobre las que se construía el

El mejor lugar junto al fuego

Gabriel Rimachi Sialer ha publicado, recientemente, “La increíble historia del capitán Ostra” y, aunque la compra de libros en el contexto de pandemia es una actividad imposible, diré que es un libro perfecto para estos días. Rimachi ha escrito esta historia apelando a la fantasía, la mitología y la historia. La estrategia sobre la que