Antonio Ramírez Pando

Acerca de Antonio Ramírez Pando:

Director del diario Expreso, director del diario Extra, director de la Enciclopedia Escolar. Analista político, Asesor de imagen. Estudio Sociología, Periodismo, Derecho y Ciencia Política. Diseñador gráfico





El pecado del fiscal de la Nación, Pedro Chávarry

Pedro Chávarry juramentó el 20 de julio como fiscal de la Nación, pero tres meses antes de tomar el cargo se desató una campaña de demolición contra él (no había “Cuellos Blancos” en esa fecha). Hemos sido testigos de cómo a lo largo de semanas, meses, el enfrentamiento y la división en el país han sido atizados por lo que un tratadista denomina poderes salvajes: la prepotencia mediática, la dictadura de las ONG, los lobistas que deciden en la sombra, grupos de empresarios. Y todo esto con la complacencia, sino complicidad del jefe del Estado.

Es el deber irrenunciable de todo peruano de defender la institucionalidad del Ministerio Público, que está amenazada por poderes que abiertamente pugnan por lograr la impunidad en grandes casos de corrupción, casos Lava Jato y Chinchero.

Sabemos que antes de asumir el cargo el fiscal de la Nación, Pedro Chávarry, recibió en forma muy sutil una serie de “recomendaciones” de algunos de sus colegas, políticos y otras personas para que las cosas en el Ministerio Público continuaran como estaban, en especial los casos “Lava Jato” y “Chinchero” e incluso se le sugirió no hacer cambios traumáticos y optar por medidas progresivas.

El pecado de Pedro Chávarry fue decir que venía a la Fiscalía a trabajar y que iba a fortalecer la lucha contra la corrupción. Explicó que no estaba de acuerdo en la forma como se estaba llevando el caso “Lava Jato”. Criticó que el caso “Chinchero” estuviera en peligro de archivarse. También reprochó la fuga del expresidente Alejandro Toledo que dejaba muy mal parada a la Fiscalía.

Ser franco y decir la verdad tuvo sus consecuencias para Chávarry. Primero, se inició una campaña contra su persona dentro de la Fiscalía. Y segundo, el poder mediático desató una operación para que no juramentara como fiscal de la Nación.

Desde que juramentó como fiscal de la Nación, los medios de comunicación le han dedicado casi a diario portadas contra su persona, decenas de informes en televisión y millares de noticias falsas y con medias verdades por las redes sociales, lo han tildado de aprista, fujimorista y de pertenecer a los “Cuellos Blancos”. Pocas veces se ha visto un acoso de esta magnitud contra una autoridad. El pueblo peruano con su sabiduría intuyera con el pasar del tiempo quiénes estaban detrás de estas maniobras subalternas, que no quieren que se investigue a cabalidad el caso “Lava Jato” y “Chinchero”.

Les aseguro que si Pedro Chavarry hubiera dejado las cosas como estaban en la Fiscalía, si no hubiera hecho cambios para reactivar las investigaciones del caso “Lava Jato” que estaba prácticamente paralizada, hoy sería el héroe de esta prensa que pide su cabeza, de todos esos políticos, de esas ONG y de los empresarios que todos los días a través de sus aparatos de poder lo quieren afuera de la Fiscalía.

Fue un error de Chávarry no haber reconocido la reunión con periodistas, pero esto es considerado como un delito y no lo es. Pero cuando el funcionario público de más alto nivel del país miente, entonces esos mismos “poderes salvajes” callan, hablan a media voz o intentan excusas inverosímiles. Esa es la doble moral de estos poderes fácticos que abiertamente pugnan por tener una justicia a la medida de sus intereses.

A todos nosotros nos indigna ver cómo en el caso “Lava Jato” algunos políticos y empresarios han robado enormes cantidades de dinero al Estado en complicidad con la empresa Odebrecht y que los perjudicados sean los más pobres del Perú. Porque el que roba al Estado peruano le está robando a los más humildes de nuestro país y debe ir preso. En el siglo XXI nuestro país no debe tener reparos en administrar justicia por igual a todos y nada debe influir el apellido, el supuesto abolengo o el efímero poder político y económico. El que delinque debe ser llamado por su nombre: delincuente, y se le debe aplicar la ley sin más contemplaciones que el respeto de sus derechos constitucionales.

Lo acusan de ser amigo de César Hinostroza. Hace nueve meses este señor era admirado por muchas personas, pero hoy los que lo admiraban miran hacia un costado y no lo conocen. Si Hinostroza ha delinquido, entonces le caerá todo el peso de la ley en un marco de respeto al debido proceso y la presunción de inocencia.

Estos poderes oscuros le han puesto precio a la cabeza de Chávarry porque no quieren que se descubra a todos los partícipes del caso “Lava Jato” y el caso “Chinchero”. No sé cuánto tiempo más va a seguir Pedro Chávarry como fiscal de la Nación, pero mientras ha estado hay que reconocerle el mérito de no aceptar injerencia alguna de nadie. Ningún empresario, ningún aparato mediático, ningún político, ninguna ONG pudo influir en sus decisiones.

La Fiscalía es un ente autónomo y no un apéndice del Ministerio de Justicia o de los políticos de turnos. La Fiscalía no debe hacer persecución política, su obligación es aplicar la ley, teniendo en la mano derecha la Constitución y en la izquierda el Código Penal para hacer justicia.

Todos sabemos que hay muchos implicados en estos casos de corrupción, con tentáculos en los ámbitos empresariales y políticos, que quieren ver fuera del Ministerio Público a Chávarry y que son los que impulsan esta campaña de desprestigio con falacias y medias verdades.

Los días en la Fiscalía de Pedro Chávarry están contados, pero la verdad siempre sale a flote, y los corruptos lo saben.

 





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