Las investigaciones, en el caso Lava Jato, que involucran a Odebrecht, evidenció el cáncer metastásico que infesta degradando el Estado peruano. Así, mientras se conocían “algunos” de los pecados de corrupción, el poderoso empresariado optó por la conveniente colaboración eficaz, librándose de los rigores del sistema carcelario, a cambio de revelar, “a medias”, a inefables socios, políticos y funcionarios involucrados, a los hermanitos fiscales, jueces, congresistas, tribunos del CNM -ahora JNJ-, funcionarios enquistados en el aparataje estatal y la prensa mermelera, quienes valiéndose de la estructura normativa de impunidad a su favor, fungen de defensores del corrupto, cual Cid Campeador Deshonesto.

Contra viento y marea algunos cayeron; otros estaban a punto de caer. Pero apareció la covid-19, ralentizando procesos e investigaciones, otorgando tiempo valioso a las sabandijas políticas, no sólo para recomponer fuerzas, restablecer alianzas, rediseñar estrategias de impunidad y judiciales, tomar rehenes y silenciar cómplices; sino también para intentar retomar el poder, postulando al saldo de Los Innecesarios a la presidencia y Congreso.
Quijotes, el caso Odebrecht visualizó la podredumbre política empresarial que gobierna desangrando al Perú hace décadas. La covid-19 evidenció las falencias en la gestión de sectores estratégicos. Desnudó la ruin catadura moral de funcionarios que trasgredieron el código de Ética de la Función Pública, pero también habrían cometido graves delitos, lo que deberá ser investigado caso por caso, con la rigurosidad que corresponde.

Entonces, siendo que los hechos recientemente conocidos nos aquejan, nos decepcionan, nos subvierten, reconozcamos en la crisis la gran oportunidad para efectuar el cambio definitivo, para lograr una clase política que el Perú se merece. Esto dependerá del ingreso de las nuevas generaciones a la política. Sepamos que no serán visualizadas por los grandes medios de comunicación y prensa escrita. A estos les es conveniente que retomen el poder Los Innecesarios, para manejar los hilos del poder, para tratar de librarse de responsabilidades penales de las investigaciones en curso y, también, para seguir disfrutando de los jugosos contratos por concepto de publicidad estatal.

Hermanos peruanos, de los tantos candidatos presidenciales, algunos se descalifican solos, ya sea por incapacidad moral, académica y hasta limitaciones mentales. Otros por los recientes destapes en el caso de las vacunas covid-19 chinas. Es inaceptable que tengamos como candidatos presidenciales y congresales a mitómanos, delincuentes, parásitos, violadores, terroristas, y hasta limitados mentales COMO CANCHA. Sin embargo, gracias a las redes sociales, algunas alternativas presidenciales viables están ganando simpatía popular, incrementando progresivamente sus posibilidades de pasar a la segunda vuelta presidencial.

Finalmente, considero que, tanto el caso Odebrecht como la covid-19, aportan a favor de la gestación y nacimiento de una nueva clase política, para la formación y consolidación de nuevos partidos políticos, sin caudillos corruptos e incapaces.

Quijotes, ahora más que nunca: ¡Jubilación Política Ya!