Aprendamos de los valientes ecuatorianos

Aprendamos de los valientes ecuatorianos

Buena parte de la sociedad peruana luce desconcertada, ante una minoría muy enardecida que protesta sin saber lo que pide. Eso sí, acata instrucciones de alguna eminencia gris que financia la nueva oleada revolucionaria en América Latina, con el propósito de llenarla de odio atizándoles el resentimiento social para inducirles a incorporarse a la órbita socialista bolivariana del tercer milenio retratada en Venezuela, Cuba y Bolivia. Y ahora, rumbo a consolidarse en Chile, Colombia y Argentina. No hay duda. Esta masa de afiebrados peruanos que ha invadido nuestra capital, proviene principalmente de Puno, quizá Bolivia. Su reclamo político (no social) es: 1) defenestración de doña Dina Boluarte del cargo de presidente: 2) reincorporación de Pedro Castillo como jefe de Estado; 3) clausura del Congreso; 4) nueva Constitución; 5) elecciones adelantadas. Fabulan pues, tácticamente, que Boluarte dio un golpe de Estado para vacar a Castillo, y alegan que el Congreso no sirve para nada. ¡Asimismo, creen que la nueva Constitución dará solución a todos sus reclamos! Están tan fanatizados –porque viven narcotizados por la predica falaz del socialismo/comunismo- que no ven la miseria, la persecución política y la total falta de libertad que existe en Cuba y Venezuela; supuestamente paradigmas de la felicidad celestial que, según la historieta comunista, reinaría en aquel lado del planeta. ¡La verdad es totalmente contraria! En esos países, sus gobernantes totalitarios mantienen en la miseria y privados de libertad a todos los pobladores. Allá todos son pobres; miserables.

¡Allá no existe clase media ni clase alta; exclusivamente campea la pobreza! ¡Y pobreza extrema! Por cierto, tampoco existe libertad para protestar contra el abuso que cometen los gobernantes comunistas. Al primero que alce la voz, lo encierran sin fecha de salida en mazmorras convertidas en antesalas de la muerte. Diametralmente contrario a lo que sucede en democracias como la peruana, adonde la protesta -como tal- está constitucionalmente amparada. Claro, siempre y cuando obedezcan a demandas relacionadas a beneficios sociales y/o falta de atención del Estado a las necesidades de la población. Pero en ningún país democrático del orbe se admiten protestas por reclamos políticos, como está ocurriendo acá. ¡Ello solamente se resuelve vía elecciones libres, como las que se realizarán anticipadas en esta oportunidad! Muchísimo menos se admiten, en nación alguna, protestas violentas -en grado superlativo- como están produciéndose en el Perú. ¡En rigor, acá está ocurriendo otra cosa! Se trata de una revolución orquestada por organizaciones trasnacionales que –por la fuerza- han decidido incorporar al Perú a la órbita comunista bolivariana.

Previamente lo conseguirían en Bolivia, Chile y Colombia. Asimismo intentaron hacerlo en Ecuador. ¡Pero fracasaron! ¡Epopeya que los peruanos deberíamos -y necesitamos- imitar, por todos los medios! Los ecuatorianos vivieron horas, días y semanas inmersos en grandes revueltas sanguinarias, semejantes a las que hoy se registran en el Perú. ¡¡Pero allá no se amilanaron!! ¡Allá soportaron, lucharon y derrotaron al mismo comunismo sudaca que hoy procura adueñarse de nuestra patria! ¡Emulemos pues a los hermanos de Ecuador! ¡Su precedente demuestra que, resistiendo y luchando con coraje, sí se puede!

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