El ser humano que no se conoce a sí mismo no está en la capacidad de conocer a otras personas, porque nunca se realizaron una introspección para conocer sus límites y bondades, establecer cuál es la percepción y pensamiento de cada uno, la forma en que la persona va a reaccionar en los acontecimientos humanos de la vida, qué le gusta, le agrada para sentirse bien, como manejar las situaciones difíciles que tiene que confrontar, cuándo saber decir “no” a las cosas que no conviene y decir “sí” a los hechos que son convenientes.
Si bien es cierto, las personas no escogen a sus padres, pero son moldeados por ellos, influenciados, son referentes en la existencia y forma de conducirse en la vida, desarrollando la propia personalidad que les permite escoger los amigos del barrio, los compañeros en la escuela, trabajo, universidad, la vida social, la elección de las parejas.
El autoengaño es frecuente en las personas que dejan de ser objetivas, prefieren llevar la fiesta en paz, sin confrontar las cosas o cuando desean hacerlas es demasiado tarde y no hay vuelta que darle de seguir adelante o desvincularse para que las cosas no les afecte.
Algunas veces, las personas se autoengañan con la esperanza que la otra persona va a cambiar y sucede todo lo contrario, porque el ser humano no ha resuelto sus propios conflictos, siendo llevados a sus relaciones interpersonales y de pareja, como el caso que les voy a graficar.
Carlos era hijo único, tenía una relación de dependencia con la madre, al escoger a su pareja no fue de mucho agrado para la mamá, porque le gustaba mucho los compromisos y consumir alcohol, a Carlos no le gustaba mucho las fiestas, menos consumir alcohol, era organizado, disciplinado, todo lo contrario, a su pareja, esta relación disfuncional trajo como consecuencia la separación, él se fue a vivir al lado de su madre por un tiempo hasta que lograron reconciliarse con las promesas que van a cambiar las cosas, pero nunca sucedió, después vinieron los hijos y se instaló nuevamente el comportamiento de consumo de licor por parte de la esposa. Carlos creyó que con el nacimiento de los hijos las relaciones iban a ser distintas, pero no fue así. Él se quejaba mucho del comportamiento de su pareja, pero no tomaba ninguna actitud para modificar la dinámica familiar, se había quedado resignado con su matrimonio y el crecimiento de los hijos, intentando en varias oportunidades llevarla a tratamiento de salud mental, la esposa no era constante en concurrir a las sesiones, abandonando el tratamiento, continuando su vida sin importarle el esposo ni los hijos.
Cuando se le pregunta a Carlos, porque no tomaba una decisión de separarse, vivir con los hijos, porque ella es un mal referente para la familia, contestó que le daba pena, que se había casado para toda la vida, que los hijos no los podía separar de la madre y esa es la vida que le tocó vivir, en el fondo él sabía, que la esposa no iba a cambiar ni por los hijos, pero su dependencia, el temor a los cambios, el miedo de estar solo, buscar otra relación le daba pánico.
Carlos, nunca se conoció a sí mismo, baja autoestima, dependiente, sobreprotector, inmaduro, falta de carácter, se unió a una mujer destructiva, egoísta, prefirió sus placeres, antes de darle amor a su esposo e hijos.
“En la vida hay que tomar las decisiones correctas para alcanzar la felicidad y no la infelicidad, cueste lo que cueste”.

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