Hoy en día, el abogado litigante debe estar preparado -o estar preparándose- debidamente en técnicas de argumentación jurídica; lamentablemente, en mi época de estudiante de derecho, no se impartía esa materia por no formar parte de la currícula de la carrera; actualmente, casi todas las escuelas de derecho han incluido el curso de Argumentación Jurídica en su pénsum, tratando de superar esta falencia en la formación del futuro abogado.

Considero necesario explicar, en parte y en las siguientes líneas, las pautas elementales que la argumentación jurídica tiene en el ámbito práctico del derecho; para ello, debemos empezar a preguntarnos ¿En qué consiste la argumentación? La argumentación es toda aquella actividad que sirve para fundamentar y sostener una postura; sin embargo, hay abogados y catedráticos que sostienen la noción mediante la cual, la argumentación tiene que ver con el hecho de motivar los fallos y resoluciones judiciales; de ser así entonces tendríamos que definir ¿Qué es motivar? De acuerdo a nuestra legislación, la motivación está referida a las buenas razones que se puedan hallar de manera favorable en la decisión que el juez tome para sentenciar; en otras palabras, la motivación tendrá su resultado gracias a la persuasión.

Argumentación no solamente significa saber motivar, ya que esta función es propia de los jueces, pero nosotros como abogados, debemos estar también capacitados en los estudios que la argumentación jurídica nos ofrece, para lo cual es menester que si pretendemos saber de manera eficaz, saber argumentar un caso en una audiencia, no solo debemos hacer gala del conocimiento que tengamos sobre el caso y la materia, sino también, vincular el arte de la argumentación, con el arte de la retórica, para lo cual debemos conocer un poco de la historia de la retórica, teniendo en alta estima a los grandes clásicos del derecho en Roma, los cuales nos han dejado como legado que el saber argumentar debe llevarnos a tener la claridad de las palabras, la precisión con la cual pronunciemos estas palabras y la concisión como consigna de ser directos en nuestro discurso.

La deficiencia de los letrados al momentos de argumentar se evidencia de la siguiente forma: 1) No se cuenta con la preparación suficiente en técnicas argumentativas y 2) No se recurre a textos (clásicos y actuales) de argumentación jurídica, por lo que se desconoce las técnicas tradicionales y modernas que estos libros pueden ofrecer sobre la materia; este es un problema que los profesionales del derecho no queremos afrontar, ni reconocer, en realidad nos falta la preparación adecuada, quizá porque no se cuenta con los libros pertinentes en nuestras bibliotecas.

Si indagamos dentro del universo de los juristas y abogados nacionales que hayan escrito textos sobre argumentación jurídica, nos llevamos la sorpresa que existen muy pocos colegas que han publicado obras de esta índole; esto nos revela que la situación jurídica de nuestro país respecto a la argumentación jurídica, es parca, razón por la cual debemos recurrir, si pretendemos conocer más de esta materia, a juristas y autores internacionales.

El tema es muy amplio y requiere mucha más explicación, la intención de este artículo radica en expresar la necesidad y la importancia que el estudio de la argumentación jurídica comprende en nuestro país, con la finalidad de exhortar a nuestros colegas a realizar estudios e investigaciones sobre este importante tema, ya que somos conscientes que la materia abordada compete -en líneas generales- a todo profesional del derecho, ya que le ayudará a capacitarse mejor en los estudios tradicionales y actuales que esta materia ofrece de manera pertinente y eficaz.