La ideología marxista es de odio, la teología inspirada en el marxismo es de odio. Tantos años enmarañado en esa ideología, sella la personalidad del que la practica y enseña. Es más, esa ideología de odio enferma el cuerpo y el espíritu. En el cuerpo hace metástasis y quebranta el corazón y la mente, por tanto, el discernimiento es nulo, confuso, subjetivo. El odio se impone sobre el amor.

Eso parecería que está sucediendo con el arzobispo de Lima, Carlos Castillo Mattasoglio, quien en recientes declaraciones, atacó nueva y gratuitamente a toda una sociedad religiosa, el Sodalicio de Vida Cristiana.

Señala que esa organización pretende tapar la verdad, cuando ellos son los primeros que quieren que se esclarezca todo. Unas cuantas personas cometieron delitos, ellas se están enfrentando a la justicia, pero lo que el prelado no puede hacer es involucrar a todo el Sodalicio, que formó una comisión nacional y otra internacional para esclarecer los hechos.

El arzobispo ataca a una organización católica por pretender defender a periodistas que han sido denunciados por un exfuncionario, Carlos Alberto Gómez de la Torre Pretell, que estuvo ligado a una empresa del Sodalicio y que los acusa de difamación y está defendiendo su honor ante los tribunales, sobre un problema de tierras en Piura y que nada tiene que ver con los temas de marras que involucraron a exmiembros del Sodalicio.

Intencionalmente, Castillo habla de “trucos”, “esconder lo terrible”, “destrucción”, “enclaustramiento”, “secuestro mental”, “manipulaciones”… Tremendismo. Sinceramente, es para una película de Cantinflas.

Una vergüenza de arzobispo pues habla sin pruebas, prejuicia, confunde a la feligresía. Nada tiene que ver el juicio de ese ciudadano con unos periodistas, con el Sodalicio y que solo exige satisfacciones y está en manos del Poder Judicial.

Castillo criticó, llevado por el demonio, a un hermano del Episcopado, al obispo de Piura, sin escucharlo y distorsionando las cosas y nada menos que a puertas de semana santa. Así que ya no extraña que el odio se apoderó de él.

El Sodalicio formó -reitero- comisiones con gente prestigiosa, que concluyó en recomendaciones y en resarcimiento a las víctimas. El Vaticano está reformando sus estatutos y la organización. ¿Para qué Castillo intenta incendiar la pradera?

Hay que recordarle al arzobispo de marras las palabras de Luther King: “El odio paraliza la vida, el amor la libera. El odio confunde la vida, el amor la armoniza. El odio oscurece la vida, el amor la ilumina.”

Ricardo Sánchez Serra