Gravísima la coyuntura de inseguridad ciudadana a la que ha entrado el Perú. Si hasta hace pocos días la vulnerabilidad de la sociedad peruana era de espanto, lo que se ha generado tras que el gobierno Sagasti quebrase la institucionalidad de la Policía es de horror. Sagasti lo hizo presionado por la zurda, que exige venganza contra esa entidad para saciar la ira de los jóvenes a quienes empujó a enfrentarse a la ley que supervisa la Policía, por órdenes del gobierno en resguardo del Estado de Derecho de la nación. Hasta ayer –ojalá hoy se solucione- este país se encontraba sin comando policial, ya que a esos catorce generales destituidos por palacio de gobierno se sumó la renuncia de dos destacados mandos de la Policía. El carismático Subcomandante General de la PNP General PNP Edgardo Garrido López y el General PNP Óscar Gonzales Rabanal, director general de la Dirección contra el Crimen Organizado. Un panorama peligroso que diera pie a que las huestes de la izquierda azucen a trabajadores agrícolas en Ica -la única región de país que no ha dejado de tener pleno empleo, inclusive en tiempos del covid- a desnaturalizar el colosal desempeño de la agroindustria, resurgida de las cenizas que dejara la nefasta reforma agraria velasquista. Ahí estriba, justamente, el nuevo reclamo. La izquierda no tolera el éxito que ha traído esa nueva agricultura: la agroindustria. Gremio que ha sido capaz de ubicarse como segundo sector exportador del Perú. Porque la zurda aún sueña con la vieja estructura colectivista, hambreadora y miserable de su reforma agraria. No obstante el Perú moderno no necesita reformas para poner a centenares de miles de peruanos a trabajar en el campo, a generar miles de millones de dólares anuales en divisas fruto de la agroexportación y a aportar miles de millones de soles vía impuestos. Esto enerva y crispa a los marxistas, que extrañan imponernos su miseria en todos los rincones del país, para agudizar los contrastes y dominar a los pobres bajo ese eslogan venal: “el patrón no comerá más de tu riqueza”.

Este nuevo globo de ensayo progresista -generar asonadas por todas partes en plena época electoral- seguirá repitiéndose como mantra. Forma parte del plan que diseñara el Foro de Sao Paulo para dominar Latinoamérica. Ahí el Perú aún es una isla que se resiste a caer ante el bloque cubano-chavista que domina Ecuador, Bolivia, Argentina, probablemente a futuro Chile y posiblemente Colombia. Por ello la izquierda local tiene tanto interés en descabezar a la Policía, el último peldaño antes de que algún conflicto mayor demande la intervención de las FFAA, con las gravísimas secuelas que aquello podría traer. Por eso reprobamos la complicidad del presidente Sagasti con los progre-marxistas al haberse prestado a descabezar la Policía Nacional en este delicadísimo momento. Es más, ayer su partido presentó un proyecto de ley para “municipalizar” la PNP. ¡Algo sin duda esquizofrénico! Pero desafortunadamente, semejante atentado ha sido silenciado por Sagasti en manifiesta, reprobable señal de su conformidad.

Atravesamos momentos dramáticos, amable lector.