Tal como lo ha afirmado el mismo Jurado Nacional de Elecciones, el proceso electoral aún no ha terminado, pues este no ha proclamado a ningún candidato como presidente de la República. Ha terminado el conteo de la ONPE al 100% con Pedro Castillo adelante por un par de décimas, es decir, 44 058 mil votos. Queda por ver una disputa legal, constitucional y electoral sobre la observación y nulidad de actas, en la que Fuerza Popular y la señora Fujimori tienen puestas todas sus energías para llegar a la presidencia.
Vistas las evidencias (firmas falsas, manipulación de actas, entre otras acciones que estarían siendo confirmadas por videos inductivos de “capacitaciones” que claramente instruyen sobre cómo dinamitar la mayor cantidad de votos del adversario y, más grave aún, de conspiraciones para “sacar el machete y cortar cuello”), la mitad de la calle ha asumido que estas elecciones son un proceso contaminado por irregularidades consistentes, como las probadas por matemáticos de la talla de Ragi Y. Burhum, y por los dudosos antecedentes del jefe de la ONPE y del presidente del JNE; mientras tanto, la tesis de los abogados de Fuerza Popular apunta a lograr la anulación de las actas sospechosas, como vuelto a los comunistas pillados in fraganti.
Hasta aquí los hechos. De esto siguen varias cosas.
Para empezar, la mejor carta de Fujimori es Mario Vargas Llosa y su hijo Álvaro, quienes han venido a compensar la escandalosa parcialización de los corresponsales en el Perú para diarios extranjeros —Fawks, Ugaz &Cía—, todos caviares antifujimoristas, que en el clímax de la desinformación han proclamado ya a Castillo como presidente. Resulta obvio que la palabra a favor de Keiko por parte del Nobel (habiendo sido un vehemente antifujimorista durante 30 años) constituye para la candidatura de la señora Fujimori un pilar de legitimidad y credibilidad.
En el otro lado, como era de esperarse, ya hemos visto desfilar a varios excandidatos que obtuvieron magros resultados (Mendoza, Guzmán, Forsyth, además de otros parlamentarios) a saludar al que llaman “presidente electo”. Si esto es a nivel público, les puedo asegurar que en privado hay muchos más que vienen haciendo lo mismo, sobre todo en el sector empresarial, por lo menos hasta que la decisión oficial del JNE obligue a sus gremios a pronunciarse oficialmente.
De lo anterior, podemos extraer varias conclusiones preliminares:
Primera y más evidente: que un Perú dividido en dos partes, al parecer irreconciliables, es la antesala de nuestro Bicentenario. Al pronunciamiento oficial del JNE y su aceptación por las partes, le seguirá una tensa calma y distensión. Y sobre esto resulta curioso que aquellos caviares que alentaron boicots a medios de comunicación y linchamiento a periodistas —opositores al golpe de Estado callejero que depuso a Merino de Lama y entronizó a Sagasti— sean ahora los que acusen de acoso político a aquellos que solo siguen su ejemplo. Cualquiera sea el resultado, yo saludo que Vladimir Cerrón tenga muy claro cuál será el destino de “estas aves de rapiña” (Edwar Quiroga dixit).
Segunda: la sumisión de ambos candidatos a lo que decida finalmente el JNE los ha amarrado a sus dichos. Al no existir ninguna causal legal expresa para anular la segunda vuelta, la tesis de nulidad de las elecciones por múltiples causales es democráticamente inadmisible.
Tercera: la incertidumbre mata y el país no puede mantenerse en esa situación por mucho tiempo. Por eso Fujimori depende en gran medida de que quienes se manifiesten a su favor en las calles, muchos de ellos antiguos antifujimoristas, se mantengan en pie de lucha.

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