Alguna vez alguien me dijo que “el Congreso es como la arena movediza, porque los congresistas al andar durante sus cinco años por él y sin darse cuenta, el fango se los va comiendo hasta desaparecerlos”. Dicha frase tiene mucho de cierto y está ligada a los engorrosos procedimientos parlamentarios para que los congresistas cumplan con sus funciones de legislar, controlar y fiscalizar y el de representar a la población.

El funcionamiento del Congreso ha sufrido diversas modificaciones en los últimos tiempos, pero las más radicales fueron las que se aplicaron para la adecuación del sistema parlamentario bicameral al unicameral. De esos tiempos a la fecha ya han pasado casi treinta años y es momento de pensar en hacer cambios profundos al funcionamiento del Congreso.

Por ejemplo, durante el quinquenio que termina, se han presentado más de ocho mil proyectos de ley y en su mayoría sin el sustento técnico adecuado. Algunos analistas políticos y no parlamentarios creen que la eficiencia de un parlamentario se basa en el número de proyectos de ley presentados, ignorando que los parlamentos modernos han cambiado de perspectiva al hacer mayor énfasis en las funciones de representación y de control político y fiscalización. Es necesario por ello tener algunos filtros para evitar la presentación innecesaria de proyectos de ley y además tener un mecanismo de coordinación con el Poder Ejecutivo para que algunas propuestas de los parlamentarios puedan darse con normas de menor jerarquía que una ley. En tiempo pasados, esa coordinación era notoria y así los congresistas se evitaban el tedioso trámite de los procedimientos legislativos y conseguían su objetivo mediante un Decreto Supremo. De esa forma el congresista, el Poder Ejecutivo y, sobre todo, la población ganaba. Pero junto a ello también habría de establecer Indicadores de Gestión Parlamentaria para que se conozca que la norma emitida por el Poder Ejecutivo fue originada por la iniciativa del parlamentario. En ello no hay que ser mezquinos y darle el crédito al parlamentario para que pueda incorporarlo en su rendición de cuentas a la población.

La posibilidad de mejorar el funcionamiento del Congreso con reformas es una necesidad para que el parlamento recobre poco a poco su credibilidad. Ya en otras ocasiones me he referido la estructura organizativa y al Control Político y de Fiscalización. Espero que el nuevo Congreso haga algo sobre el particular. Aún no pierdo la fe.

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