Queridos hermanos:

Estamos en el V Domingo del Tiempo Ordinario. La primera Palabra del libro de Job nos dice: “¿No es acaso milicia la vida del hombre sobre la tierra, y sus días como los de un jornalero?” Nuestra misión, la del cristiano, es combatir, y el combate más grande es el de la fe. El demonio nos tienta continuamente sobre la fe; y es a Dios a quien hay que pedir ayuda, a él. Por eso es milicia, combate contra el enemigo que está en nuestro corazón, que es el demonio. Por eso Job dice: “al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré? Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba. Recuerda que mi vida es un soplo.” Esto es muy importante, es lo que nos está diciendo el Señor con la pandemia, “todo es pasajero”.

Por eso respondemos con el Salmo 146 “Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados”, es decir los corazones de los que sufren. Él sana nuestros corazones y venda nuestras heridas. Nuestro Señor es grande y poderoso, su sabiduría no tiene medida. La sabiduría del Señor es superior a la técnica que nos ha hecho a todos soberbios, poseedores del futuro. Hemos eliminando a Dios y vivimos como si no existiera. Pero el Señor, como termina diciendo el salmo, “sostiene a los humildes, humilla hasta el polvo a los malvados”.

En la segunda Palabra habla San Pablo a los Corintios: “¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!” Esto es lo importante, anunciar el Evangelio, la Buena Noticia. Por eso el cristianismo es un Evangelio, una Buena Noticia. Por eso dice San Pablo: “¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!”. Y ¿cuál es la Buena Noticia? ¡Que se puede nacer de lo alto! Por, hermanos, no se pueden cerrar las iglesias, como tampoco se pueden cerrar los hospitales, porque el hombre no solamente es corporeidad física, sino también espiritual, y tiene un alma que hay que alimentar que se nutre de la Buena Noticia, desde las parroquias, desde las iglesias; y, ¿cuál es nuestra paga? La paga es dar a conocer el Evangelio, anunciarlo gratis, por eso termina diciendo San Pablo “me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles, me he hecho todo para todos. Y todo lo hago por causa del Evangelio, para participar yo también de sus bienes.” Es decir, somos millonarios, tenemos una riqueza inmensa que es experimentar la Buena Noticia, el Evangelio; ¡haz la prueba y lo verás! Por eso contestamos con el “Aleluya, Cristo tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades”.

El Evangelio de San Marcos dice que al salir Jesús de la Sinagoga fue, con Santiago y Juan, a la casa de Simón. Es interesante porque la casa de Simón, la casa de Pedro, todavía existe, se puede ver allí en Tiberia; y allí estaba la suegra de Simón con fiebre. Jesús “se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles”. Le llevaron todos los enfermos y los endemoniados y también los curaba. Por eso es muy importante lo que hace el Evangelio, la Buena Noticia: cura a los enfermos, a los endemoniados. Y ¿quiénes son estos enfermos y estos endemoniados? Los que no podemos amar, los que, por fruto de la soberbia, del orgullo, de los siete pecados capitales, nos lleva a la experiencia de la muerte Por eso Jesús expulsa los demonios, quienes le conocían. Y ¿qué hacía Jesús frente a ellos? Se levantaba en la madrugada a rezar. Por eso que es importante, hermanos, ahora que estamos con la pandemia, levantarnos por la noche a rezar y a dialogar con Él, y decirle: Tú, si existes, manifiéstate en mi vida, en mi corazón. Y sentirás una paz grande, experimentarás la cercanía de Jesús. Por eso todos lo buscaban. Por eso Jesús, consciente de su misión, dice a sus discípulos: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.” A las aldeas más cercanas, es decir, a las sinagogas, que hoy para nosotros vendrían a ser las parroquias, donde se expulsan los demonios. Ánimo hermanos, confiemos en el poder de Dios. Todos estamos de paso, venimos de Dios y retornamos a Dios. Lo que nos ofrece la Iglesia es experimentar el Reino de los Cielos aquí abajo, y tendrás un tesoro inmenso, serás feliz.

Que la bendición de Dios todo poderoso esté con ustedes y con su familia.