¡Perú cayó en desgracia! Acabó toda expectativa de tranquilidad, esperanza, libertad. Después de un año de desasosiego, incluso de neurosis justificada, entramos a un horizonte de gravísimas expectativas, plagado de desastres, pobreza, autoritarismo -que acaba con la autodeterminación de la sociedad- y el inicio del ostracismo hacia la órbita cubano-venezolana donde usted, amigo, ya no vivirá sino subsistirá rodeado de miseria, atraso, miedo, inseguridad, afrenta del poderoso; y, además, amenazado por la intimidación del mandón, el racionamiento generador del hambre, y el caos cotidiano.

Evidentemente, esta cruz que nos cayó de encima llega tras una década de desgobierno y una endémica crisis moral, social, económica y política. Ollanta inauguró el proceso de ingreso al desastre peruano con esa sideral capacidad suya de corrupción, sumada a su absoluta incapacidad y falta de cultura y preparación en todos los aspectos necesarios para actuar como gobernante. Ahora está con un pie en la cárcel, lo mismo que su esposa. Ambos pletóricos de poder, desde que el Nobel Vargas Llosa demandara votar por el primero y luego propusiera como candidata presidencial a la segunda. Ambos acabaron robándose ene millones de dólares de los peruanos. Aunque ya antes Toledo hiciese lo mismo, igualmente aupado por el Nobel. Y después repitieron el plato Kuczynski, además de su heredero Vizcarra, también bendecidos por Vargas, levantándose en peso al país. Fuera de que Vizcarra -junto con Sagasti, sus mellizo- perpetrasen delito de lesa humanidad desatendiendo la Salubridad de los peruanos, al extremo de causarle la muerte, hasta hoy, a 140,000 ciudadanos. Semejante carga negativa fue motivo de indignación nacional. Sobre todo, porque, dando muestras del extremo al que llega la corruptela de esa recua de mandatarios, éstos permitieron que Odebrecht, madre de la podredumbre en el Perú, siguiese haciendo “negocios” acá. ¡Inclusive con el Estado!, al que le ha robado decenas de millones de dólares, y jamás repararán ese latrocinio porque un par de fiscaletes, sin duda sospechosos de corrupción, pactaron en tal sentido un acuerdo con ella. El resultado fue la efervescencia de esa izquierda criolla, siempre ladina -y siempre engatusadora, inclusive de la llamada clase A- que sale inerte pese a haber participado descarada, directamente del botín de la corrupción a través de Humala, Villarán y tantos otros apellidos de indigna recordación. Una izquierda descarada que, tras embolsicarse millones de dólares, resultó airosa al exhibirse como purista y buenista, decidida a demandar el voto ciudadano para hacerse del país. Aunque, esta vez, con la lección aprendida. A robar tan igual o más que lo hiciera antes, pero ahora asegurándose de que sus cuadros jamás caigan en investigaciones, procesos judiciales ni en las noticias de la prensa libre. Esta vez, su plan.

 

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