En el segundo gobierno de Alan García, dos de nuestros más grandes escritores enfermaron: Miguel Gutiérrez y Mario Vargas Llosa. A Mario Vargas Llosa le envió sus edecanes para lo que necesite, la esposa de Miguel Gutiérrez tuvo que acudir a la prensa para conseguir una cama en el Almenara. Han pasado tres días desde que al escritor Pedro Novoa un médico le dijera que está desahuciado y que por lo tanto ya no serían necesarias las quimioterapias, sino que se preocupe por tener calidad de vida hasta que llegue su hora final. Pedro Novoa estuvo internado desde octubre en el hospital Rebagliati, sometido a una serie de intervenciones quirúrgicas debido a su cáncer de colon. Incluso, a finales de diciembre, le pusieron un catéter en su hombro para iniciar con las quimioterapias. Tres meses resistiendo al dolor, tres meses de tortura psicológica frente a una enfermedad que amenazaba ser mortal. Ahora el cáncer ha hecho metástasis y con la más absoluta frialdad un médico le sugirió que se vaya a su casa, que ya no tiene sentido luchar, que se preocupe por tener “calidad de vida”. Eso le pidió a Pedro Novoa, el ex marino, el comando, el de la tinta seria, al escritor que capturó Lima con su pluma, a sus barrios marginales, a los protagonistas de la miseria y la barbarie. Ahora Pedro Novoa se ha visto en la necesidad de hacer público su caso, rodeado por la indiferencia de un Estado que teniendo instituciones que están obligadas a velar por la salud de sus ciudadanos no es capaz de ordenar su traslado, no a su casa, sino al hospital de Neoplásicas porque Pedro no se rendirá frente al cáncer, porque Pedro está dispuesto a luchar, porque Pedro aprendió desde niño lo que significa enfrentar la adversidad.

Desde esta página me atrevo a pedirle al presidente de la república que intervenga, que no basta leer a Vallejo, que no basta emocionar con el discurso, al ministro de cultura, a quien tuve el honor de entrevistar, antes de enterarme de la situación de Pedro, que intervenga. No estamos induciéndolos a que cometan un ilícito, estamos solicitando humildemente que ordenen la atención para nuestro colega y amigo. No permitan que Pedro Novoa, de 46 años, Premio de la I Bienal Mario Vargas Llosa, Premio Horacio de Derrama Magisterial, Premio El cuento de las mil palabras, Premio Luces 2017 a la mejor novela publicada, Premio de la Bienal de Poesía de la UNMSM, padre de familia, profesional de la educación, reciba este golpe de indolencia. Hago votos para que, al momento de leer publicada esta columna, Pedro Novoa haya recibido la atención que merece y necesita.