Por Nelson Shack

Si además de tener que sufrir diariamente las carencias de malos servicios, los ciudadanos conocieran que el presupuesto nacional de inversiones del sector público destinado a beneficiarlos ascendió a 47 mil 843 millones de soles, y que solo se ejecutó el 62.2%, pensarían que no solo hay un problema de corrupción sino también de ineptitud. Aún mayor puede ser la indignación dado que los gobiernos locales y regionales, aquellos que deberían conocer mejor las necesidades, alcanzan en promedio el 58% de ejecución.
La pandemia no explica los resultados de los años precedentes. El gasto en inversiones a nivel nacional del año 2019, antes de la covid-19, llegó a 64.9%. Un porcentaje relativamente bajo que no podría justificarse con la instalación de nuevas autoridades regionales y locales. En 2018, la tasa de ejecución del gasto de inversiones fue 65.2% y la de 2017 fue de 66.8%. Una constante.
Es decir, el Estado Peruano solo es capaz de ejecutar en promedio las dos terceras partes del total de los recursos disponibles en materia de inversiones, dejando de usar alrededor de 18 mil millones de soles cada año. En cinco años podríamos estar hablando de 90 mil millones de soles, que no se están invirtiendo oportunamente para beneficiar a los ciudadanos.
Es indispensable que las autoridades elegidas busquen nuevas formas de ejecución de gasto más eficientes. De hecho, en nuestro país existen muchas maneras de ejecutar obras públicas, como los convenios de gobierno a gobierno o los núcleos ejecutores, pasando por las asociaciones público privadas y las obras por impuestos, las obras por administración directa, y la administración de recursos por organismos internacionales.
La experiencia de la Contraloría permite advertir las distintas particularidades y plantear propuestas de mejora y los mecanismos más adecuados para el control. Un estado ineficiente afecta a todos los peruanos.
En esa línea, el control concurrente es una herramienta que debe estar presente en todos los proyectos principales, independientemente del nivel de gobierno, de quién lo ejecute, del mecanismo utilizado o la fuente de financiamiento.
El modelo de control concurrente es un modelo que acompaña las inversiones desde los actos preparatorios, en el proceso de adjudicación hasta la culminación del proceso de ejecución de obra, y debe ampliar su alcance para comprender como primer hito de control a la preinversión, y la puesta en operación como último hito del mismo.
Se trata de un mecanismo de control que contribuye a mejorar la ejecución de las obras como en los Juegos Panamericanos, y que garantiza el ahorro evidente como en el control aplicado al primer proceso de adquisición de tablets (2020). Este modelo nos demuestra que por cada sol que invertimos en el control concurrente de una obra, le ahorramos al Estado más de 6.
En ese sentido, la expansión de este modelo a nivel nacional es uno de los componentes fundamentales de la vacuna contra la corrupción e inconducta funcional.
*Contralor General de la República

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