Que don Luis Alberto Sánchez me perdone desde la ultratumba por tomar prestado el nombre de su obra – Balance y Liquidación del Novecientos – pero frente al año que terminó no encuentro título mejor para este artículo. El 2020 ha sido uno de los peores años de la historia mundial contemporánea, porque si bien no sufrimos una hecatombe bélica, la humanidad entera ha sido expuesta a un virus nacido en China que hasta ahora no podemos controlar. He ahí el gran desafío del planeta y por cierto del Perú, cuyo gobierno aún no ata ni desata en la compra de las vacunas. No voy a incidir en las críticas muy justificadas a la criminal inacción del presidente vacado por incapacidad moral permanente, ni tampoco en la debilidad estructural de quien vino a reemplazarlo tras el brevísimo interregno de Manuel Merino. No es hora de mirar atrás sino de reconstruir la nación peruana quebrada por una presidencia que solo atinó a ordenar cuarentenas, olvidándose que tales medidas por sí solas son insuficientes.

El presidente Sagasti tiene varias tareas por delante. Debe realizar las elecciones generales convocadas para abril y llevar a cabo la segunda vuelta que inevitablemente será necesaria por la dispersión electoral. Pero esa es una de sus tareas, no la única. En realidad Sagasti y su gobierno deben cumplir las obligaciones fundamentales del Estado tal como están señaladas en el artículo 44 de la Constitución: defender la soberanía nacional, garantizar la plena vigencia de los derechos humanos, proteger a la población de las amenazas contra su seguridad y promover el bienestar general.

En estos momentos tenemos dos enemigos visibles e invisibles pero no menos reales. La pandemia del coronavirus que se propaga en el aire y que debe ser combatida con las precauciones ya conocidas de lavarse las manos, cubrirse con mascarillas y mantener el distanciamiento social, e igualmente con las famosas vacunas. Estas pudieron haber sido compradas por Vizcarra pero no lo fueron por su absurda y mendaz negligencia. Las culpas del presidente vacado no redimen al presidente sucesor quien debe demostrar al pueblo que llevará a cabo una negociación en el exterior con arreglo a los términos usuales de la compra-venta internacional.

Estamos viviendo un momento en el cual reina el caos en algunas regiones del Perú. Los manifestantes tienen derecho a protestar pacíficamente y sin armas. Cuando las piedras se convierten en armas de combate, las carreteras son bloqueadas y el incendio de ambulancias es exhibido como una conquista popular, la policía inevitablemente debe intervenir con los instrumentos coercitivos permitidos por la ley. En caso contrario peligra la seguridad nacional y quizás hasta la realización de las elecciones.