Más vale tarde que nunca. Finalmente, la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS), el jueves 30 modificó el “reglamento de conducta de los bancos” (Resolución 1870-20) abriendo el camino para “una reducción temporal o permanente de tasas de interés, condonación de intereses vencidos, postergación de cuotas o extensión del plazo de crédito con reducción de las cuotas” y lo más importante, señalando un derrotero para las reprogramaciones de las deudas que no permita (o restituya) los cobros arbitrarios a troche y moche.
Hasta el día de hoy, en las “telereprogramaciones” (telefónicas) durante el confinamiento, los bancos se han limitado a disminuir las cuotas mensuales a cambio de alargar y/o duplicar el plazo de pago, mientras que las altas tasas de interés permanecen intocables, a la vez que en los estados de cuenta pululan los cargos por cobros diversos.
Por otro lado, los bancos ahora se han quedado sin excusa para soslayar la línea de crédito (“repo”) a 2% del BCR, una suerte de “Reactiva Peruano” creada hace dos meses (7/6/2020) con el fin de coadyuvar a reducir las tasas de interés anual (TCEA) en las deudas de crédito de consumo de seis millones de hogares, de los cuales el 50% ha perdido el empleo (INEI).
Una de las pesadillas para los dueños de los bancos en una recesión es la morosidad por las deudas impagas, porque los obliga a recurrir, en menos de 24 horas, a sacar sus recursos de debajo del colchón para respaldar estos créditos (provisiones). Una lectura rápida de los recientes balances de los bancos, no sólo indica que los ingresos han caído en -11.6% en el segundo trimestre abril-junio 2020, frente al primer trimestre enero-marzo, sino que la utilidad se ha desplomado en -84.4%, ya que la morosidad los ha obligado a aumentar las provisiones en S/ 3,253 millones. Un incremento de 158% en comparación con el segundo trimestre del 2019.
Hace algunos meses el BCR (REF/noviembre-2019), sin imaginar lo que se venía, simulando una recesión de 0.6% del PBI para el 2020 -debido a un hipotético recrudecimiento de la guerra comercial EEUU vs China- estimó que la morosidad se incrementaría en 6.4%, es decir, que la banca tendría que realizar un aporte de provisiones mayor a S/ 22,000 millones. Un sueño imposible.
Sin embargo, la realidad es más grave que el simulacro. El FMI señala que la caída que viene al cierre del 2020 será veinte veces mayor (-13.9% del PBI) y ya se siente. Según Niubiz, que mide la compra con tarjetas de débito y crédito el ticket de compra promedio en los supermercados, que en abril había subido en 14%, en julio ha caído en 21%. De terror.com.
En este escenario, lo que más les conviene a los bancos es ser más proactivos en reducir las tasas en las reprogramaciones, para que sus clientes sigan cumpliendo con sus pagos -y no se dispare la morosidad- que seguir acogotándolos con las altas tasas en los créditos de consumo. Mejor es que se “mojen” ahora con menores ingresos, porque como se sabe, cuando llueve todos se mojan y lo que viene no es un chubasco sino una tormenta.