Al pergeñar estas líneas, sólo se tiene claro el pase a la segunda vuelta presidencial de un candidato –por el que no votamos ni votaremos- y el segundo está por verse en una disputa voto a voto. En este punto, sin saber aún la conformación para el Ballotage y visto lo visto, creemos que el país no soporta un segundo más la absurda y cavernaria prohibición “legal” de difundir encuestas y/o simulacros de intención de voto en la semana previa al proceso electoral.
Tal vez en los tiempos pre internet el veto podía tener alguna validez, pero hoy con la caótica catarata de “sondeos de opinión” que se cuelan y circulan por la redes –sean “fake” o no- con la pacata explicación de que “no son para publicación” sólo sirven para confundir e intoxicar al elector al extremo de no saber a quién creer provocando un clima de desasosiego rumbo a las urnas. Si antes se pretendía evitar la supuesta inducción o influencia indebida del votante, ahora a través de los omnipresentes medios digitales se bombardea impunemente al electorado siendo el remedio peor que la enfermedad.
Terminemos de una buena vez con esta aberrante prohibición y que las encuestadoras registradas oficialmente propalen sus mediciones hasta la víspera de los comicios y asuman la responsabilidad por la veracidad o no de sus resultados. Y, por supuesto, que el JNE, como órgano fiscalizador, sancione severamente aquellas que actúen maliciosamente y la ciudadanía las tache con su desprecio. ¡AMÉN!