Basta ya de tanta inmundicia presidencial

Basta ya de tanta inmundicia presidencial

No se trata solo de SEIS investigaciones fiscales por presunta grave corrupción que se han abierto respecto de quien funge de presidente de la República y de su entorno familiar y amical más inmediato, se trata también de la evidente incapacidad moral e intelectual que demuestra a cada momento y en las circunstancias más cotidianas y sencillas.

El día viernes último el país entero vio con estupor y desagrado visceral cómo P. Castillo, que acostumbra eludir toda referencia a su incapacidad y comportamiento indeseado y hasta delictivo etiquetándose de ser discriminado por su origen provinciano y una inventada condición de campesino y rondero, fue capaz de perpetrar un acto de arrogancia y claro irrespeto y abuso de poder que perjudicó no solo a dos seres humanos, policías encargados de su custodia, sino a toda la institución policial y a la Nación.

Rápido salieron voces oficialistas pretendiendo justificar el hecho como un acto de afecto al “jefecito”. ¿Alguien en su sano juicio podría imaginarse a un oficial general o a algún ministro, incluso el más sobón y vulnerable a erisipela en el cuero cabelludo, inclinándose ante el presunto magíster bamba para atarle los pasadores del calzado?

Hasta el nuevo rico inflado de desprecio, que ahora mira a los demás desde el pedestal en el que se cree ubicado, se atrevió a mentir para eludir su responsabilidad.

Rápidamente la opinión pública demostró que mentía sobre el uso de un chaleco antibalas que acaso le impedía ponerse de cuclillas, no solo porque era evidente que no lo llevaba sino porque si hubiera sido el caso tampoco le hubiera impedido flexionar las rodillas. Y la supuesta “lumbalgia” tampoco es creíble en quien recién zapateaba festejando su cumpleaños palaciego pagado por una lobista o que subía ágil y presuroso escaleras para visitar furtivamente y a medianoche a una presunta aspirante a dama… segunda, tercera o cuarta, parece lo de menos.

Justo hace una semana, otro escándalo tenía como fuente Palacio de Gobierno: el más que presunto ocultamiento y sustracción a la justicia de la “cuñija”, hoy detenida por su evidente vinculación a millonaria corrupción en contrataciones públicas. Resulta indignante que se pretenda que los registros fílmicos de las cámaras de seguridad instaladas en un recinto público, que pueden acreditar el ocultamiento de la buscada por la fiscalía, no sean mostradas por razones de secreto de Estado. ¿”Secretos de Estado” protagonizados por presuntos delincuentes?

Pregunto nuevamente, ¿qué espera el Congreso de la República para librarnos, mediante la vacancia, de tanta inmundicia?

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