En medio del drama de una inminente segunda ola de la covid-19 y de la indignante confirmación que aún no hay fecha de llegada de las vacunas al Perú, hacemos una pausa en esta columna para conmemorar el 250 aniversario del nacimiento del artista que significó un parteaguas en la música: Ludwig van Beethoven; hasta antes de él la música se había ceñido estrictamente a los cánones establecidos por los maestros que lo antecedieron, desde Bach a Mozart, sin embargo su espíritu rebelde e impetuoso lo llevó a poner en sus obras, antes que nada, su propia concepción de lo que el arte significaba para él, libertad en primer lugar. Beethoven fue siempre un espíritu libre, lo cual no significaba que inventara nuevos géneros como antes lo había hecho quien fuera su maestro Franz Joseph Haydn, considerado el padre de la Sinfonía y del cuarteto de cuerdas.

Beethoven respetó las normas hasta donde él consideró se podía hacer, y desde un principio lo dejó bien claro. Por ejemplo en su ciclo de nueve sinfonías, aunque en las dos primeras está todavía presente el universo de Haydn y Mozart, el genial músico alemán innovó el género sinfónico adelantando lo que vendría a partir de su tercera sinfonía llamada Heroica, pensada y dedicada inicialmente a Napoleón Bonaparte para luego romper la dedicatoria y cambiarla con las palabras “en memoria a un gran hombre”. La Heroica es la primera gran sinfonía beethoveniana, aquí tenemos a Beethoven en extremo grado de pureza, abriendo el camino por donde habrían que transitar genios como Gustav Mahler, quien también hizo uso de las marchas fúnebres en sus colosales sinfonías.

El autor de la sonata Claro de Luna siempre ha sido asociado a la libertad, los aliados en la Segunda Guerra Mundial en el desembarco en Normandía utilizaron en código morse las conocidísimas cuatro notas con las que se abre su quinta sinfonía, las que representan en este código la “V” de la victoria. A raíz de esta heroica gesta, Francia fue liberada del yugo nazi y fue el principio del fin del III Reich. Beethoven consideraba a su única ópera que escribió: “Fidelio”, su obra más querida, una obra que simboliza el amor conyugal, llegando al extremo la protagonista de arriesgar la vida para lograr la libertad de su cónyuge que sufre prisión política por una venganza, ese famoso Coro de los Prisioneros es una de las páginas sublimes de toda la música occidental. Ni qué decir de su novena sinfonía, todo un símbolo de la libertad. El célebre compositor y director de orquesta Leonard Bernstein en sus memorables conciertos navideños para celebrar la caída del muro de Berlín, cambió la letra original de la oda de Schiller, alegría (Freude en alemán) por Freiheit (Libertad), señalando que Beethoven hubiese dado su consentimiento.