POR: ARTURO DELGADO

Mario Benedetti es uno de los pocos autores latinoamericanos que tuvo una enorme recepción entre los lectores en casi todos los géneros literarios. Aunque publicó medio centenar de libros de poesía, y a pesar de la gran difusión de varios de sus poemas (algunos musicalizados; destaco el disco El sur también existe de Serrat y la versión del poema “No te salves” de “Pelo” Madueño), es en la narrativa donde el escritor uruguayo alcanzó una indudable maestría literaria, lo que apreciamos especialmente en su ya clásico libro de cuentos Montevideanos (publicado originalmente en 1959; edición definitiva y ampliada en 1961).
La primera tentación en el lector es asociar el nombre del libro con Dublineses de Joyce. A diferencia del escritor irlandés, Benedetti no nació en la ciudad que sería el referente literario de sus cuentos y novelas (provenía de la pequeña ciudad Paso de los Toros), aunque su prolongada residencia en Montevideo sin duda justificaba esa elección. Sin embargo, un símil con el mencionado libro de Joyce es que Montevideanos corresponde a una etapa de juventud, de hecho se incluyen varios cuentos situados en la infancia y adolescencia, entre ellos “La guerra y la paz”, “Esa boca” y el perturbador “Inocencia”.
Sin embargo, la ciudad en Benedetti tiene menos presencia en los cuentos que los protagonistas: lo grisáceo no es parte de la atmósfera sino de la psique y existencia de quienes habitan la ciudad, como se aprecia en los notables “Sábado de gloria” y “Los pocillos” (de este último se podría hacer alguna asociación no muy forzada con “Catedral” de Carver).
En otros cuentos, como “Puntero izquierdo” y “Corazonada”, el clasismo se impone y el estilo se vale de localismos para relatar historias vinculadas a sectores populares o marginales. En contrapartida, “Presupuesto” puede leerse como una parábola tragicómica de la burocracia, con personajes adaptados a sus interminables plazos, tan universales y tan poco localistas como la rutina. Por otro lado, el relato “El resto es selva” transcurre en Estados Unidos, y lo que en todo caso marca al protagonista es su identidad montevideana a pesar de la distancia.
Releer Montevideanos es una buena manera de recordar a Benedetti, en estas fechas en que se conmemora el centenario de su natalicio. Un libro entrañable y eterno.
Apostilla: Desde esta columna, saludo al Colectivo Arte en Lince y su especial homenaje a Benedetti.