Estamos celebrando nuestras Fiestas Patrias marcadas en su inicio por la proclamación de la independencia del Perú del sistema monárquico, absolutista y totalitario que regía en España, para convertirnos, aunque solo nominalmente, en República democrática y liberal.

Jamás pudimos convertirnos en una República porque nunca construimos una sólida institucionalidad para darle soporte a un Estado de Derecho en el cual las capacidades individuales y grupales pudiesen impulsar la generación de riqueza suficiente para que el Estado, teniendo cada vez más recursos, los redistribuyera adecuadamente para darle educación, salud, infraestructura y demás servicios básicos a su población.

Lo que hemos tenido es una gitanería política en la cual no importaba la idea republicana sino solo el acceso al poder por las buenas o por las malas, para que los grupos cuasi anárquicos se turnaran en el ejercicio de este para beneficio propio o de los adulones de turno que siempre son los incondicionales arrastrados y sin dignidad que gritan y aplauden para no quedar fuera de la argolla del momento.

Esa es, a nuestro parecer, la causa por la cual todas las instituciones públicas, sociales y las empresariales, terminaban adulando al detentador del poder hasta la caída de éste, en cuyo momento los adulones de antes se convierten en los enemigos más rabiosos de aquél, para poder adherirse como piquichones al nuevo poderoso.

Es obvio que el resentimiento, la frustración, el odio, la ira contenida y demás emociones nocivas en los que se quedaban fuera del ámbito de poder de turno tenía que germinar hasta convertirse en un mal endémico nacional que, cada día nos ha venido convirtiendo en enemigos mutuos e irreconciliables como Nación.

Ahora que celebramos el Bicentenario, recordando a Juan Bautista Vico, hemos ingresado a una etapa de jugar con fuego con el corsi y recorsi, porque si la independencia nos sacó de un totalitarismo absolutista monárquico, el nuevo gobierno que ha asumido el mando nos ha prometido un nuevo totalitarismo en el cual manda un Partido al que se someten todas las instituciones del Estado.

Ojalá que el presidente Castillo pueda mantener un liderazgo libre de presiones extremistas, pero fundamentalmente, de ideas cataclísmicas en lo político, económico y social.

Este nuevo totalitarismo nos muestra una Nicaragua en donde se mata y detiene a cualquier opositor, una Venezuela donde la gente se muere de hambre con necesidades completamente insatisfechas y un Partido que los somete a sangre y fuego, una Cuba en donde van muriendo ya cinco generales con una represión sangrienta contra los que se atrevieron a protestar públicamente, sin que nadie en el mundo de los defensores de los Derechos Humanos diga nada.

La independencia nos hizo libres, al menos en teoría, ¿el Bicentenario nos hará esclavos?