Se anuncia, con bombos y platillos, la conmemoración del Bicentenario de la Independencia del Perú. ¿Qué sentido tiene aprovechar una fecha histórica para el lanzamiento de discursos alusivos, actos protocolares y comisiones celebratorias?
En verdad, la independencia fue un proceso histórico fundamental para entender al Perú actual. A decir del historiador José Agustín de la Puente: “Hablar del próximo bicentenario no es ocioso ni mera retórica. Supone un significado muy profundo. El recuerdo del hecho mismo de la emancipación encierra valores fundamentales que nos explica la historia del Perú. ¿Qué significa la independencia para la vida peruana? ¿Por qué la recordamos? ¿Qué representó en su momento y qué nos puede decir hoy día?”. (https://tinyurl.com/k3cmx7ee).
Sin embargo, en medio de la grave corrupción y crisis moral en que se debate el país, me atrevería a decir que en el desfile de escándalos, investigación y procesos penales contra varios expresidentes del Perú, exalcaldes, expresidentes regionales y demás funcionarios públicos, cada día se refuerza más la idea de que la corrupción se esparce como un virus en la sombra, desde donde se teje y desteje el futuro incierto del Perú. Claro, con honrosas excepciones.
No tenemos en el Perú una clase política que entienda que el servicio al país es lo primero. Y muchos que se autoproclaman “outsiders”, sólo buscan acumular dinero y poder, lanzándose a la arena política ya sea mediante la candidatura a una alcaldía, gobernación regional, Congreso de la República o a la presidencia del Perú.
El perjuicio es muy grande, no solamente porque hay recursos del tesoro público que se están despilfarrando de manera inadecuada, sino porque representa un mal ejemplo para los niños y jóvenes. Por un lado, se celebra al Perú con rumbo al Bicentenario de la Independencia, pero por la otra orilla somos el escenario de una tragedia moral.
Manuel González Prada afirmó hace cien años que “el Perú es un organismo enfermo: donde se pone el dedo, salta la pus”, y el propio José Carlos Mariátegui dijo sentirse “nauseado de política criolla”.
La solución repetimos, no es sólo la sanción judicial a los que resulten responsables, sino comenzar a construir un país con valores, con disciplina, con igualdad de oportunidades para todos, con progreso económico e inclusión social. ¿Hacia dónde vamos?
(*) Escritor y sociólogo. Presidente de IPJ y director de Editorial Río Negro.

Para más información, adquiere nuestra versión impresa o suscríbete a nuestra versión digital AQUÍ.

Puedes encontrar más contenido como este siguiéndonos en nuestras redes sociales de Facebook, Twitter Instagram.