Latinoamérica tiene su propia versión del Komintern ruso, fundado por Lenin en 1919 para dirigir las acciones del partido comunista tanto a nivel interno como global. En ese entonces se llamaba la Internacional Socialista o III Internacional, y fue concebido para dirigir las acciones del comunismo tanto a nivel interno como global. Su némesis latinoamericana se llama el Foro de Sao Paulo. Fue fundado en 1990 por el Partido de los Trabajadores de Brasil para “agrupar a los grupos de izquierda latinoamericanos, desde reformistas hasta la izquierda revolucionaria, incluso organizaciones declaradas terroristas o guerrilleras en América Latina (FARC, ELN, CAM), para debatir sobre el escenario internacional después de la caída del Muro de Berlín y sus consecuencias frente al neoliberalismo en Latinoamérica y el Caribe.” En otras palabras. la misión del Foro de Sao Paulo es impulsar el totalitarismo en la región para convertirla en espejo del repugnante caos que exhiben -hasta ahora- Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Circulan los acuerdos adoptados últimamente por este foro comunista latinoamericano en el cual participaron –virtualmente- jerarcas marxistas como Lula da Silva, Nicolás Maduro, Pepe Mujica, Dilma Rousseff, Rafael Correa, Evo Morales y Ernesto Samper. Este último manifestó -con estas palabras- su fascinación frente al encarcelamiento del centroderechista ex presidente Álvaro Uribe: “Ha comenzado a funcionar la justicia, y es un trabajo que venimos haciendo desde hace muchos años. Hay jueces con gran conciencia revolucionaria”. Cualquier parecido a lo que ocurre en nuestro país es mera coincidencia. ¿O no? El contenido electrizante de los siguientes acuerdos –ya están confirmados- exige que prestemos seria atención y adoptemos precauciones.
Terminada la pandemia, el comunismo reiniciará el plan de desestabilización regional -“aprovechando la debilidad de los estados”- azuzando las “movilizaciones masivas” tal como ocurriera meses atrás en Chile, Colombia, Ecuador “y el resto de satélites de la órbita norteamericana.” Asimismo aprueba imponer la “guardia paramilitar” regional, e impulsar un plan masivo de reformas constitucionales en toda Latinoamérica. También dispone desmistificar las religiones, luchar contra la desigualdad de género, contra el racismo (por algo el caso Martha Chávez ha tomado tanta importancia), promover el aborto, el consumo de drogas y controlar los medios de prensa y las redes sociales. Igualmente “Intensificar las campañas de ‘culto al líder’ en cada nación” (eso acá ya empezó), reformar la educación orientándola hacia la lucha de clases (en eso también estamos adelantados, desde que Humala masificara el comunismo en el ministerio del ramo). Por otra parte, crear células de control ciudadano, bonos populares de apoyo (Vizcarra se ha anticipado); destruir los partidos políticos no comprometidos con el postulado marxista (PPK/Vizcarra ya han avanzado); impulsar estructuras paralelas en los entes estatales (acá las ONG se adelantaron); controlar los bancos y rastrear los capitales no afines a la revolución (los fiscales Pérez Gómez y Vela Barba son catedráticos en el tema); promover invasiones masivas y repartos de propiedades. Finalmente, empobrecer a la sociedad para controlarla (Vizcarra ya lo hizo).
Las izquierdas sudacas han tomado el poder fácticamente. ¿Estados Unidos evitará la comunización de Latinoamérica? ¡Bienvenida, embajadora Kenna!