Si hay un género musical que me ha marcado y que, en consecuencia, me apasiona es el bolero. Pero hoy no he venido a hablarles del bolero en sí, sino de una de las películas peruanas que aborda a este género musical como argumento de su historia. Se trata de Bolero de noche. Cinta que fue estrenada hace diez años.

Recuerdo que la vi en el cine. Y, por motivos que ahora prefiero olvidar, recuerdo también que la vi durante el mes de septiembre de 2011. En la sala había, a lo mucho, siete personas. En una sala donde se proyectan películas peruanas sería casi imposible contagiarse del bicho. También en las bibliotecas. Pero ese es otro asunto.
Hablemos de lo visionado.

El «Trovador» (Giovanni Ciccia) es un compositor que busca de manera vehemente escribir el gran bolero, un bolero que posea la capacidad de pervivir en el tiempo, el bolero eterno. Para tal afecto, le advierten, es necesario que primero haya amado y, luego, conocido el sufrimiento producto del desamor. Es allí donde entra en contacto con un personaje muy particular, que bien podría tratarse de un Mefistófeles de cantina. Este le propone al Trovador que, a cambio de su alma, le dará lo que tanto busca: el gran bolero. Es en estas circunstancias que el Trovador conoce a la «Gitana» (Vanessa Terkes), una DJ de fiestas sadomasoquistas, bisexual y futura musa de nuestro protagonista.

La trama, como se puede intuir, es bastante sobria. Y no solo es sobria. En su desarrollo resulta fácil adivinar el rumbo por el que ha de transcurrir el relato. Este filme, hay que decirlo, es rescatable por la temática. Es rescatable para el registro o la enumeración. Lamentablemente su desarrollo es pobre si nos ponemos a pensar en el inagotable material que rodea al bolero como asunto.

Hay un acierto en el personaje del Trovador, un ser anacrónico que vive en la Lima actual pero que añora el tiempo del bolero (un tiempo remoto e inaccesible, una suerte de paraíso que desea encontrar). El desamor, eterno tema de este género musical, tiene aquí un matiz más moderno, pues se abordan las relaciones bisexuales y los sentimientos y conflictos que estas generan. El final, puedo asegurarlo sin hacer muchos elogios a una película que no consiguió explotar la riqueza que prometía, es notable. En realidad, salva en parte las grandes deficiencias que observamos a lo largo del filme.