Bolivia, laberinto diplomático

Bolivia, laberinto diplomático

Las declaraciones del presidente Pedro Castillo a CNN han proyectado su peligroso desconocimiento de la carta fundamental y de nuestra política exterior, dando lugar a que algunos parlamentarios lo acusen de traición a la patria y que la bancada de Alianza País lo exhorte a renunciar al cargo.

Ha preocupado especialmente que Castillo dijera a CNN que consultará al pueblo sobre una salida al mar a Bolivia, comentario alucinante y reñido con la carta fundamental, que señala como una de sus obligaciones “la defensa de la República, de la integridad territorial y de la soberanía del Estado” (artículo 118).

Un referéndum sobre ese tema, además, resultaría no solo ilegal sino impracticable porque la Constitución precisa que no puede someterse a consulta popular o referéndum “los tratados internacionales en vigor” (artículo 32).

En este contexto, debemos recordar que se encuentran vigentes el Tratado Polo-Bustamante de 1902, que fijó la frontera peruano-boliviana, y el Tratado de Lima de 1929, que incorporó Tacna al Perú y dejó Arica a Chile, estableciendo que ambos gobiernos “no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que, en conformidad al Tratado de esta misma fecha, quedan bajo su respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir, a través de ellos, nuevas líneas férreas internacionales”.

Es decir, si el Gobierno peruano pretendiera entregar parte de nuestro espacio geográfico, tendría que contar con la previa autorización o anuencia de Chile, así como renegociar el convenio de 1902 con Bolivia, debiendo, en ambos casos, contar con la aprobación del Congreso de la República.

Quizás, de otro lado, el mandatario desconoce el acuerdo denominado Boliviamar, firmado en 1992 por los entonces jefes de Estado Alberto Fujimori y Jaime Paz Zamora, que facilita al Gobierno del altiplano una playa de cinco kilómetros de costa por ochocientos metros de ancho, sin soberanía, acuerdo ampliado en 2010, durante la administración del presidente Alan García.

Sin embargo, lo que Bolivia desea es contar con un espacio geográfico propio, en el cual ejerza soberanía plena, por lo cual presentó una demanda contra Chile en la Corte La Haya –que perdió– y que explica, pero no justifica, que desde hace treinta años tenga abandonado el proyecto Boliviamar, del que sólo exhibe el nostálgico cartel de su inauguración, despintado y semidestruido.

Bien haría el presidente Castillo, en consecuencia, en rectificarse de un planteamiento ilegal que ha generado crispación política, que lo distancia de la población y que le traerá serios problemas con el Parlamento.

Pero también no pasó desapercibido que el mandatario esquivara decir si considera o no dictaduras los regímenes de Venezuela, Cuba y Nicaragua, respondiendo que corresponde a sus pueblos calificarlos. No menos cuestionable fue su respuesta sobre la migración de seis millones y medio de personas del país llanero – un millón doscientos mil al Perú- por falta de trabajo, comida e inseguridad. Sobre este tema tuvo la lamentable excusa de decir “los venezolanos están aquí, en el Perú, porque hay muchos peruanos allá”. O que en otra parte de su entrevista con CNN manifestara que “nunca encontré al Grupo de Lima, no lo sentí en mi pueblo”, frase con la que pretende escabullirse de explicar sobre nuestro abrupto y desleal retiro de esa asociación internacional democrática, que dio un larga batalla para demandar la libertad de presos políticos, nuevas elecciones supervisadas y no reconocer a Maduro como presidente. En ese aspecto, olvidó decir que su gobierno ha reconocido al dictador venezolano en circunstancias que éste se encuentra investigado por los fiscales de la Corte Penal Internacional por crímenes de lesa humanidad.

Reiteramos que el mandatario Castillo debe retirar su propuesta sobre Bolivia y convocar a los embajadores políticos para que lo ilustran en asuntos internacionales y evitar, así, repetir su controvertida performance en CNN.

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