Dos sucesos en Europa, con diferencia de pocos días, han servido para romper con el estereotipo según el cual los británicos son flemáticos y los españoles apasionados. Pues ha sucedido exactamente lo contrario. En el ‘Brexit’ se votó con el hígado y en los comicios ibéricos con el cerebro.

Aunque, valgan verdades, esto también es una generalización. En realidad, un abrumador porcentaje de jóvenes, mayor al 60 %, se pronunció en el referendo por el ‘Bremain’, o sea la permanencia en la Unión Europea. Fueron los mayores de 50 años de edad los que prestaron oídos a la demagogia de Farage y Johnson y se pronunciaron por la salida del Eurogrupo.

Tan irracional fue su conducta que recién al día siguiente, quizá asustados por las consecuencias económicas y políticas de lo que habían hecho, los entusiastas de la ruptura preguntaron a ese oráculo moderno llamado Google qué es la Unión Europea. ¡De Ripley, aunque usted no lo crea!

En contraste, los españoles le dieron la espalda en las urnas al filochavista Podemos y votaron por el PP y el PSOE, en franco retorno a un sano bipartidismo (y dejando a las encuestadoras en ridículo, otra vez). Solo en el País Vasco y Cataluña los amigos de Verónika Mendoza obtuvieron buenos resultados, y eso debido a que la formación de Pablo Iglesias alienta el separatismo vasco y catalán.

De tal manera que me atrevo a refutar a una eminencia como John Carlin, quien a resultas del ‘Brexit’ ha afirmado que los votantes son fácilmente manipulables. Temeraria generalización viniendo de una lumbrera como Carlin, y así lo demuestra no solo el resultado español sino también el del mismísimo ‘Brexit’, ya que además de los jóvenes de 18 a 30 años favorables a la permanencia (lástima nomás que no asistieran masivamente a votar, porque habrían evitado el triste desenlace), escoceses y norirlandeses se pronunciaron en porcentaje abrumador por el ‘Bremain’. Al punto tal que ahora le dan vueltas a la idea de un referendo para permanecer en la UE y desvincularse del Reino Unido.

La gran pregunta ahora es si la onda sísmica del ‘Brexit’ cruzará el Atlántico y llegará a las costas estadounidenses con suficiente fuerza como para que los yanquis lo piensen dos veces antes de votar por Trump, demagogo que en comparación hace que Boris Johnson y Nigel Farage parezcan estadistas ejemplares.

No faltan muchos meses, pues, para saber si también los gringos se sumergen en lo que Carlin llama “las seductoras melodías de los flautistas de Hamelín que [como los del ‘Brexit’] conducen a las cuevas del infierno”.

-Mi solidaridad con Rosana Cueva y el resto de periodistas de “Panorama” ante la demencial querella por “traición a la patria” que les ha entablado el Mindef. Una lástima además que un ministro en general correcto como el señor Valakivi se preste, a pocas semanas de culminar su gestión, como instrumento de una venganza a todas luces digitada desde Palacio por el tema agendas que destapó ese programa dominical.