La famosa canción de Arturo “Zambo” Cavero y Óscar Aviles, con respetuosa adaptación horaria, cobra vigencia en la coyuntura que vivimos los domingos, que nos traen protestas por mantenerse cerradas las iglesias y denuncias de corrupción que tienen como protagonista al señor presidente de la República.

Las iglesias se sienten discriminadas porque, a pesar de permitirse realizar otras actividades con público, aún no permiten abrir los templos, ni manteniendo distancia social, ni respetando las normas Covid-19. Ahora ni siquiera podemos ir “a llorar a la playa”.

También nuestros fines de semana se han visto enrarecidos con denuncias contra el SPR, a quien hemos visto, con mucha soberbia y poca vergüenza salir apurado a desmentirlas, los tres últimos domingos en los programas periodísticos de las ocho de la noche.

Hace tres domingos, en un largo monólogo, trató de desvituar y poner punto final, sin éxito, a las tantas veces negadas visitas de Richard Cisneros a Palacio de Gobierno.

Había pasado sólo una semana y aparecía nuevamente el Presidente, esta vez en Panorama, pretendiendo minimizar, con ácido humor, la seria denuncia que lo involucraba en la supuesta recepción de un millón de soles de Obrainsa. La entrevista concluyó dejando dudas de su verdad y se fue sin asumir responsabilidad en su gestión, frente a un panorama desolador.

El mismo día en que el Señor de los Milagros tampoco pudo salir de su templo por el Covid-19 y los feligreses nos quedamos sin procesión, aparecía el Presidente en Cuarto Poder a la hora dominical acostumbrada. Las preguntas, sobre las revelaciones de tres aspirantes a colaboradores eficaces sobre presuntas coimas de un millón trescientos mil soles que le habría entregado ICCGSA, le permitieron comprobar al Presidente que sus antes leales defensores se habían convertido en sus más severos jueces. Su entrevistador, implacable, no le dio espacio para victimizarse, ni lo dejó esquivar las preguntas. Se le notó al Presidente sorprendido, nervioso, sudoroso y molesto. Esta vez le tocó a él llevarse un innecesario y faltoso comentario final de su entrevistador, quien burlonamente comparó su estancia en Canadá.

Preocupa ver involucrado en presuntos actos de corrupción al hombre que ganó su popularidad izando la bandera anticorrupción. El Presidente que dice respetar la separación de poderes, afirma que el Congreso se tuvo que cerrar “constitucionalmente” porque quiso nombrar a los miembros del TC. ¿Acaso no le correspondía al Congreso hacerlo?

¿No tenían mandatos vencidos la mayoría de tribunos? ¿Este presidente nos podrá asegurar la realización de elecciones transparentes? ¿Le debemos seguir creyendo?

El señor presidente debería renunciar. Si no lo hace, podríamos salir a gritar algo parecido a la canción del “Zambo” Cavero: “Si dejaras de partir quiero que sepas, que estaré dudando de ti, todos mis días”.

Luis Otoya Trelles