Este año que casi termina ha dejado una terrible estela de dolor entre los peruanos. A las decenas de miles de compatriotas fallecidos por el coronavirus y los errores gubernamentales cometidos en la lucha contra este, tenemos que agregar un caos y una división en la nación que amenaza los débiles cimientos de la democracia.
¿Quiénes son los responsables de la actual situación que vive el país? ¿Por qué cada vez más se afianza la desazón entre un gran sector de la población? ¿Qué futuro nos espera en los próximos comicios?

Las respuestas a estas inquietudes no son sencillas, sin embargo considero necesario exponerlas ya que nuestra nación se encuentra en un momento en que la decepción y el hartazgo hacia su clase política pueden generar una desesperada búsqueda de falsos mesías quienes prometiendo el “paraíso en la Tierra” conducirían a sus compatriotas a un populismo y una demagogia que destruirá lo que se ha avanzado en estos años condenándonos a convertirnos en una próxima Venezuela.

Al analizar las manifestaciones que vienen ocurriendo a lo largo del territorio nacional, queda claro que la mayoría de protestantes no niega los actos de corrupción cometidos por el expresidente Martín Vizcarra, es más se mostraban partidarios de juzgarle una vez terminado su periodo presidencial, no obstante era evidente su disconformidad con la forma y el momento (en medio de la pandemia) en que fue elegido para sucederle el hoy renunciante congresista Merino. Para ellos, lo que estaba ocurriendo en los salones de poder era un asunto en donde una vez más los políticos cambiaban de ropajes pero no de mañas. Mostraba si lugar a dudas, lo poco representados que se sienten millones de compatriotas por quienes dicen servirlos, ya sea en el “sillón de Pizarro”, el Congreso de la República o en una abandonada alcaldía de la sierra.

Estamos pues ante una situación explosiva cuyas ondas expansivas llegarán a sentirse en toda su intensidad en las próximas elecciones. La izquierda fragmentada (aunque no muerta) tiene una gran oportunidad de obtener réditos que le han sido esquivos por tanto tiempo. Si quienes tienen las riendas del poder no se deciden a transformar totalmente al Perú (políticamente, socialmente, económicamente y moralmente) dejando a un lado mezquindades e intereses personales, el porvenir ha de ser muy oscuro. La historia, excelente conocedora de las pasiones humanas, nos ha enseñado que cuando los pueblos desconfían profundamente de sus autoridades son más proclives a elegir opciones radicales y erróneas cuyas consecuencias solo traerán mayores sufrimientos y decepciones a quienes buscaban una verdadera transformación de su nación. La advertencia ha sido hecha pública, ahora la responsabilidad queda en manos de nuestros dirigentes y la población. Los primeros deben entender que un crecimiento económico debe ir acompañado de justicia social, honradez e intolerancia total a la corrupción, mientras que los segundos no solo deben demandar el respeto de sus derechos, sino involucrarse decisivamente en la construcción de un Estado más eficiente y justo para todos.

José Rafael Cernicharo Bustelo