El presidente de la República ha modificado su Gabinete Ministerial y lo hizo, no porque esa era su voluntad, sino porque la situación política se tornaba insostenible para la estabilidad de su gobierno a pesar de las bravatas que sus adláteres lanzaban en pro del cierre del Congreso.

Sabemos, porque está escrito en el plan de gobierno originario de Perú Libre, que el gran objetivo del régimen es la convocatoria a una asamblea constituyente y como un factor de medición lanzó en su primer Gabinete a los mastines más fieros para evaluar la reacción popular, descubriendo que ésta, por el desgobierno y encarecimiento del costo de vida, no le era favorable para una aventura política de tal envergadura.

Por otro lado, el presidente Castillo tenía graves problemas internos en la coalición que lo llevó al poder, tanto porque el maoísmo y el castrismo no comulgan entre sí, por su condición de invitado al Partido Perú Libre y el exceso de protagonismo de Vladimir Cerrón y compañía, pesando sobre éste una condena por corrupción y una investigación penal contra sus principales líderes como integrantes de la banda criminal denominada “Los Dinámicos del Centro”.

La consecuencia era que con desgobierno, sin políticas de Estado hacia el desarrollo, con una propuesta de política exterior inclinada al bloque chavista, el empobrecimiento y el alza incontrolable de precios y sin poder hablar de una lucha frontal contra la corrupción por los corruptos vinculados a Vladimir Cerrón, una guerra frontal con el Congreso no le convenía al Ejecutivo porque entonces los extremos de cierre y vacancia podían encontrarse con una circunstancia propicia para producirse una crisis de gran envergadura.

Inteligentemente, el Ejecutivo apostó por adormecer a la oposición en el Congreso y aquietar peligrosamente a la población, mostrándose conciliador, pidiendo paciencia y cambiando algunos ministros del Gabinete de modo que todos quedaran felices y contentos sintiéndose ganadores todos.

Sin embargo, si analizamos la nueva conformación ministerial, descubriremos que siguen los antimineros, los garantes y escuderos del lagarto mayor, los que teniendo un mundo de antecedentes de conflictos de intereses llegan para seguir controlando al ministerio del Interior y al sistema de justicia desatándose una aparentemente feroz cacería de los seguidores de Perú Libre incluida la mamá de Cerrón, con el mismo ministro que no tiene una calificación suficiente para asumir la cartera de Defensa, pero que podría ser útil para debilitar a las FFAA porque la PNP ya lo está, ratifican al presidente del BCR para tener a quien culpar por la fluctuación del dólar porque no hay política económica seria y todo, como dijo el inefable congresista Bermejo, resultaba válido si es que no se variaba la línea de acción política contenida en su plan de gobierno.

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