La evaluación que los expertos del gobierno realizan teniendo en cuenta los avances y contratiempos que enfrenta la lucha contra el Covid-19 en el país recomendó que a partir de este domingo se levante la inmovilización social que regía, comúnmente conocido como toque de queda, para permitir que las actividades económicas y el deporte al aire libre se dinamicen los domingos, con la sola restricción de que puedan circular los autos particulares. Todo ello para evitar los contagios del coronavirus en las reuniones sociales, según explicó el presidente Martín Vizcarra.

Si bien la medida puede parecer contradictoria en esencia, si se tiene en cuenta los resultados a obtener, ella obedece también a la presión ciudadana que venía reclamando levantar la medida por considerarla extrema y violatoria de las libertades personales. Sea como fuere, no podemos ignorar que la cuarentena y su medida extrema, el toque de queda, han terminado por alterar la tranquilidad vivencial de las personas, dentro de una convivencia de obligadas restricciones. Esto último ha sido explicada por psicólogos y psiquiatras nacionales como extranjeros, en declaraciones indistintas a la prensa peruana como internacional.

“A partir de este domingo se va a poder atender el comercio, (las personas) van a poder salir con restricciones que sabemos todos: el distanciamiento social, uso de mascarilla, en regiones que no están con cuarentena focalizada, pero sin el uso de vehículos particulares”, precisó el jefe de Estado. “Si bien se flexibiliza para hacer comercio y hacer deporte al aire libre, se mantiene la prohibición de reuniones familiares o amicales”, explicó. Y a partir del lunes 21 de setiembre, la inmovilización comenzará a las 11 de la noche y terminará a las cuatro de la mañana.

El mandatario justificó la medida señalando que el crecimiento de los casos de personas infectadas con el Covid 19 se había desacelerado en los últimos días en algunas regiones del país, de modo que ameritaba tomar nuevas medidas dentro de los correctivos permanentes contemplados por las autoridades. Los casos de contagios bordean las 738 mil personas afectadas a nivel nacional, cifra que nos ubica como el segundo país en América Latina, después de Brasil y quinto en el mundo.

La experiencia que vivimos es la más letal de todos los tiempos. El virus ha terminado por alterar los comportamientos y hábitos en las personas, Como advierten los profesionales de la salud, estuvimos acostumbrados a saludarnos o despedirnos, por ejemplo, con ciertos rituales. El distanciamiento obligado todo lo cambió, afectando la sensibilidad de las personas, sobre todo en aquellas culturas más gregarias. Las personas hemos empezado a sentir, entonces, los efectos de la soledad y la impotencia por no poder hacer nada que retome nuestros patrones culturales tradicionales. Según explican los expertos, la familia cumple un rol importante en este proceso. Sirve para evitar que las personas lleguen a la ansiedad y la soledad.

“No hay que entrar en pánico pero hay que tomarse el coronavirus en serio”, recomendaba Jimmy Whitworth, científico y asesor de la OMS, al conocerse la pandemia mundial. La palabra cuarentena se usó por primera vez en Venecia en 1127 para la lepra y se usó ampliamente en respuesta a la Peste Negra siglos más tarde. Aquí la hemos vuelto a utilizar para enfrentar el coronavirus tan mortal como las otras, en su tiempo. Si bien es un recurso necesario en estas circunstancias, no podemos ignorar que su rigidez puede llegar, de algún modo, a dañar la salud mental de las personas. Lo dicen los estudios realizados. Y en el mundo, del que somos parte, se advierte que los factores que más estresan a las personas aisladas son “no conocer el tiempo que va a durar la cuarentena, temores a infectar