Me da vergüenza ver que la clase política, para no perder popularidad, toma una actitud pusilánime ante delitos flagrantes, en vez de sancionarlos con firmeza fijando un respetable precedente. Esta indefinición es una de las causas de su pésima reputación en nuestra sociedad. Sueñan con ser moneditas de oro, pretendiendo ser apreciados por todo el Perú.

En nuestro país además de la crisis sanitaria y económica ocasionada por la pandemia, a la que el mundo no termina de encontrar una solución definitiva, enfrentamos ahora una crisis moral y de valores propiciada por los líderes que gobiernan.

La vacuna, con nombre propio y delivery a domicilio, ha indignado a millones de peruanos relegados en sus ilusiones de ser vacunados. Se ha puesto en evidencia que es el poder el que ahora diferencia a los ciudadanos de primera de los de segunda, los que a pesar de todo seguimos luchando para sobrevivir.

Los antivalores, el gran legado de Vizcarra, caracteriza a un gobierno rojo-morado que demuestra que tomó la posta para ocultar sus fechorías. La coalición vizcarrista-caviar, junto a grupos radicales, continúan con sus planes de perpetuarse en el poder manipulando las elecciones.

Mientras Keiko Fujimori, sin medias tintas, pone el dedo en la llaga y advierte los riesgos de un gobierno de izquierda radical, otros partidos políticos coquetean complacientemente y creen inocentemente que se pueden ganar “alguito” apoyando iniciativas trasnochadas, promovidas por el comunismo, que tiene como bandera en su propuesta electoral el cambio de la Constitución de 1993.

Durante las últimas semanas los partidos de centro derecha, que no logran mejorar su preferencia en las encuestas, han apuntado sus cañones contra el fujimorismo. Parecen no darse cuenta que el gran reto es que dos grupos de centro derecha pasen a la segunda vuelta, demostrando que las iniciativas que promovemos son mejores que las que propone la señora Verónica Mendoza, quien se paseó el fin de semana por la televisión nacional, repitiendo sin sonrojarse que los grandes problemas del país se solucionan interviniendo a cuatro “poderosos” bancos y promoviendo la universalización en la entrega de bonos, sin explicar cómo el país generaría recursos para hacer posible y permanente su generosa iniciativa.

Yo no me siento identificado con ninguna tendencia política que aspire a gobernar nuestro país con modelos económicos que fracasaron en todo el mundo. ¿Cómo gente que admira a Chávez y Maduro podría generar empleo digno? ¿Qué bienestar podríamos esperar de líderes que simpatizan con grupos terroristas?

Los peruanos nacimos siendo aguerridos emprendedores. No permitamos que grupos radicales se enquisten en el poder para hacernos inútiles y dependientes del Estado. ¿Quieres formar parte de la mediocridad de esa sociedad?

¿Es ese el país en el que quieres vivir? ¡Yo, NO!

Luis Otoya Trelles