La Presidencia del Consejo de Ministros (PCM) lanzó la campaña “El covid no mata solo. No seamos cómplices”, que -según ellos- busca impactar en la ciudadanía por medio de “mensajes duros y directos”, con el fin de producir “un cambio de comportamiento en la población” y evitar que se propague el coronavirus.

Esta campaña representa una primera etapa de tres, que ha previsto la Secretaría de Comunicación Social de la PCM y que desde el 10 de agosto está a cargo de Rubén Cano Mendoza, quien en el 2011 formó parte del equipo del publicista Luis Favre para la campaña de Ollanta Humala, luego Blanca Rosales lo colocó como coordinador en la PCM. En el 2016, Cano volvió a trabajar con Favre, asesorando a César Acuña. El premier nos debe una explicación sobre tan singular funcionario, además, como dice Cano, “la campaña se diseñó en diez días”.

Esta fétida y execrable campaña pretende propagar el pánico, por más “mensajes duros y directos”, estos tienen que estar dentro de la norma ética.

Afirmar que es “la campaña más agresiva que ha realizado el Gobierno”, es una falacia, así como las cifras de muertos, contagiados y las contradicciones del Ejecutivo.

Manifestar que es “Una gran estrategia de comunicación de mediano y largo plazo” es otra farsa, han pasado más de cinco meses y las cifras son de pavura, somos quintos en contagios en el mundo, primeros en fallecidos y agosto cerramos con más de 235 mil contagiados, bordeando ya los más de 660 mil.

La campaña viola la Ley de Radio y Televisión que preceptúa que la prestación de los servicios de radiodifusión se rige por la defensa de la persona y el respeto a su dignidad; la protección y formación integral de los niños, el respeto a la familia; la promoción de los valores; la responsabilidad social de los medios de comunicación y el respeto al Código de Ética. La programación que se transmita en el horario familiar debe evitar contenidos que puedan afectar los valores inherentes a la familia, los niños y adolescentes.

El Código de Ética que señala que la prestación de los servicios de radiodifusión se rige por la defensa de la persona humana y el respeto a su dignidad; el fomento de la educación, cultura y moral de la Nación y la protección y formación integral de los niños y adolescentes, así como el respeto de la institución familiar.

El Pacto de Autorregulación, que especifica que la autorregulación consiste en vigilar la calidad de la información que se brinda a través de la comunicación comercial y el Código de Ética Publicitaria que tiene que interpretarse en concordancia con los principios éticos que éstos deben seguir en la creación de la publicidad comercial.

Toda esta legislación ha sido dejada de lado, el mensaje debió ser claro, concreto pero no, para sembrar el terror y afectar la salud mental de los niños y de las personas de la tercera edad.