Como es usual en nuestro país, habiéndose ya convocado, para abril del año entrante, a elecciones generales, se ha desatado una nueva pandemia: la candidatitis.

De acuerdo al criterio muy particular de una agencia encuestadora existen 14 candidatos presidenciales de los cuales 5 no tienen partido político; por tanto, esos 5 no existen como postulantes hasta que, de una u otra forma, logren ubicarse en un movimiento debidamente registrado en el Jurado Nacional de Elecciones.

Sin embargo, parte importante de su promoción publicitaria es precisamente figurar en estas mediciones para levantar, mientras tanto, sus candidaturas a la jefatura del Estado.

Para el revisionista Diccionario Soviético de Filosofía el “culto a la personalidad” es “la conversión del nombre de una personalidad histórica en un fetiche” bajo la óptica “idealista” de la historia que considera que son los grandes hombres quienes determinan el curso de la misma. Esa fue la estrategia de Stalin para establecer en la Rusia soviética una de las dictaduras más ominosas y brutales que registra la humanidad.

En el Perú, nuestros aspirantes a candidatos presidenciales pretenden generar, cada uno, una especie de “culto a la personalidad” -no entiendo con qué sustento- basado en mucha publicidad que, al final de cuentas, tiene una sola y tácita base: la grave crisis institucional de los partidos políticos que en su inmensa mayoría son maquinarias electorales sin ideología ni programas, al servicio de una cúpula o, como le llaman ahora, de su dueño y, en muchos casos, a la espera del mejor postor. Los afamados “vientres de alquiler”.

Y los mesiánicos aspirantes van de puerta en puerta, generalmente premunidos de gruesos fajos de billetes, para ver quién los recoge y los lanza, mientras realizan sus campañas tratando de demostrar que tienen una trayectoria que, en la realidad, va desde una cancha de fútbol, pasando por un pequeño incendio en un eventual nido de amor, hasta el imponente despacho de una empresa mercantilista y -hay que enfatizarlo- una cárcel dorada.

En Perú Nación estamos trabajando duro para terminar con esta plaga. Para restablecer un sistema político sólido, con partidos democráticos limpios de corrupción y con ideales y para que los ciudadanos postulen para servir a la Patria, no para servirse de ella.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz